Caro, pero el mejor
Hay un dicho popular que debería desmentirse de plano “Si te defiende Gabalachis sos culpable, pero zafás”. Sobre todo en honor a tantas víctimas y a la justicia, en la que vale la pena seguir creyendo.
Sea como fuere el bueno de Fabián, que ya desde chiquito mostró saber bien como ´romper la guinda´, habida cuenta sus cualidades de rugbier demostradas en las filas de las “Cebras” (no presos), siempre lució ese combo que hoy aplica impecablemente a su trabajo: habilidad, maña, cara y cuero duro. Combinación que le permite ser considerado el “salvador” todoterreno para los casos más complejos y las imputaciones más asombrosas. Un abogado penalista renombrado por su condición para sacar la menor pena posible en cada proceso, y de no hacerle “asco a nada” en cuanto a sus defendidos, siempre bajo la convicción del derecho a la defensa, y en todo caso a todos los vericuetos de forma que permiten sortear una causa hasta pulverizarla.
A los 50 años y con 17 de profesión, muchos colegas admiten que Gabalachis sabe cómo encontrarle la “quinta pata al gato” porque se “dedica a eso”, y a gran parte de sus defendidos les pasa que, poco y nada les termina importando el fallo final y la consecución de “inocencia”, si en definitiva quedan liberados de la pena, o esta logra ser atenuada incluso hasta el ridículo. Es el caso por ejemplo de R.W. trabajador de una pesquera, acusado de narcotráfico, precisamente de infracción a la Ley 23.737 para quien Gabalachis logró en el mes de junio pasado, que en lugar de prisión, le concedieran por ejemplo tareas sociales y la entrega de 10 packs de leche a instituciones de bien público. Eso sí, a un pack por mes. Asombroso!
Gabalachis es hoy por hoy el penalista que ha participado en más casos resonantes a nivel provincial. El otro récord es que siempre del lado de los “complicados”.
Por ejemplo intervino en los juicios por las muertes de Ricardo Gangeme y Raúl “Cacho” Espinosa, en ambas defendió a los acusados de ser los presuntos asesinos, y ambas causas quedaron en la nada, por cuestiones de forma. También intervino en la defensa de Martín Espiasse acusado de matar a dos policías en el asalto al cajero automático en Rawson. Manejó diestramente los argumentos del militar Jorge Steding, guardiacárcel imputado en la causa por torturas contra Solari Yrigoyen y Abel Amaya. Es el defensor de los dos médicos de Gaiman acusados de abuso sexual contra niños; escudó legalmente al poli de Infantería -L.T.- que robó en un comercio de Trelew con el arma reglamentaria y logró que, por no haber ´cárceles adecuadas´, le dieran domiciliaria en la casa de su papá. Aunque por similar delito pero con más antecedentes y mala fama, para “Pocapila” Huenelaf logró una sentencia de cinco años y 6 meses en la cárcel. Fue el defensor de Aldo Bejar, presunto ejecutor del testigo clave del caso Almonacid, Bruno Rodríguez Monsalve asesinado incluso estando bajo el programa de protección de testigos. En fin, Gabalachis, ha sido incluso hasta defensor de genocidas condenados por la masacre de Trelew: Del Real y Paccagnini. Y en contraste del ex comisario Caimi, supuesto líder de la banda de “Poliladrones” que habrían intentado cargarse el cajero de Pirámides.
En síntesis en tantos años de carrera, Gabalachis ha defendido tanto a policías como ladrones. “No tengo ningún tipo de inconveniente ni de límite a la hora de defender una persona. Si me consultan, por una cuestión académica y respeto irrestricto a las leyes, estoy convencido que toda persona tiene derecho a una defensa justa y ese concepto lo trato de ejercer. No todo es blanco y negro, también ha muchos grises en este oficio””, declaró alguna vez públicamente este singular y exitoso letrado que observa con objeciones el nuevo Código Procesal Penal de Chubut y se aprovecha diestramente de cuanta contradicción encuentra.
¿De ´perejiles´ a ´guantes blancos´?
Lo cierto es que en la medida que crece la complejidad del delito, también crece la clientela para profesionales infalibles como Gabalachis. De hecho últimamente se avizora un cambio de rubro. Desde hace casi un año, es el letrado patrocinante de Omar “Cura” Segundo en la causa que afronta por presunto alojamiento de sustancias para narcotráfico, a partir de encontrar en sus cámaras de frío nada menos que 110 kilos de cocaína.
También se convirtió en el patrocinante del amigo de Segundo, Carlos Eliceche, en la causa en la que se le imputa la presunta comisión de administración fraudulenta en el otorgamiento de 10 millones de pesos de crédito con dineros públicos a la empresa Alpesca, o sea a Omar “Cura” Segundo, su amigo. En esta misma causa defiende además a otros ex funcionarios, Pedro Zudaire y Ernesto Siguero. Los demás funcionarios son defendidos por Sergio Rey. (A propósito, a Sergio Rey lo defiende Gabalachis, pero en otra causa, donde un ex jefe policial, lo acusa de coimero con una grabación en mano).
Una más
En este esquema, que esta columna confluya en Gabalachis y estas reflexiones vengan al caso se debe a que ayer mismo sumándose más trabajo, se presentó también como abogado defensor elegido por el Comité de Administración de Alpesca, luego que la noche anterior fueran detenidos por la fuerza pública Omar Albornoz, Santiago Novoa y Valentín Laborda. Los funcionarios se habían negado sistemáticamente hasta ahora a dar explicaciones ante la presunta comisión del delito de “administración fraudulenta” en relación a la negligencia en la preservación de los bienes de la pesquera, dejando por ejemplo los barcos a la deriva en medio de una tormenta que terminó destruyendo hasta el muelle Storni.
La jueza Marcela Pérez Bogado dará a conocer el próximo lunes su resolución sobre el pedido de apertura formal de investigación. Pero atentos, porque Gabalachis ya amagó con embarrar la cancha con cuestiones de rótulos y formas.
Además le marcó territorio al fiscal Daniel Báez al catalogar como “peligroso” su razonamiento. ¿Qué habrá querido decir el letrado, acostumbrado a sujetos y conductas realmente “peligrosas”?
Según expresó el defensor, la ausencia de sus patrocinados a las dos audiencias anteriores “fue promovida en el entendimiento de que faltaba resolver una cuestión que es de la faz técnica. (…) Interpreto que se encontraban inmersos en un error”, dijo.
En fin, todo viene a colación estimado vecino con que si quedaba un resquicio para la esperanza en defensa de lo público, esta puede llegar a pulverizarse con actuaciones profesionales efectivísimas, pero a veces más dudosas que los mismísimos delitos sospechados.
No hay duda de que el derecho a la defensa en el proceso penal es una garantía indispensable. Para considerarlo justo, según los estándares internacionales, un juicio requiere de la participación amplia, efectiva y diligente, del defensor. Sin embargo, existen límites y deberes impuestos a la función del defensor, ya sea público o privado. Alguna vez José María Tijerino reflexionaba: “El defensor que se convierte en colaborador del imputado deja de ser defensor y se hace partícipe del delito, e incurre tanto en violación a la ley penal como en falta a los deberes éticos impuestos por la profesión de abogado”.
El ejercicio del derecho a la defensa no es la excepción y, por eso, son necesarias las limitaciones legales y éticas. Las limitaciones no deben ser tantas que debiliten el ejercicio de la defensa, pero no hay derechos sin limitaciones. La primera limitación para los defensores la impone el marco de legalidad. Probidad, honestidad y rendición de cuentas son algunos de los deberes exigibles a cualquier profesional del Derecho. Dicen que un defensor incurre en responsabilidades penales si realiza cualquier tipo de favorecimiento personal o real, colabora o encubre al acusado o facilita la continuación de su actividad delictiva. Aunque las faltas a la ética más frecuentes son las prácticas dilatorias, que son un verdadero abuso del derecho. Es la parte en la que se pasa de ser ´defensor´ a ´encubridor´. Para tener en cuenta, no?
*Soy Juana de Arco, amiga de Juan de la Sota, fiel del Furia, seguidora de la Sombraonline, y ceniza de tantos…