Una diátesis saludable
Dra.Patricia Chambón de Asencio
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“Mens sana in corpore sano” Décimo Juvenal
Hace varios años comencé a hacer un posgrado en una reconocida Universidad de nuestro país. Era un posgrado en Psico-Neuro-Inmuno-Endocrinología. Cuando me inscribí pensé que por fin se estaba presentando ante mí la posibilidad de prepararme para una nueva forma de ver y comprender la enfermedad y la salud. Una forma donde se integrara la visión de estas diferentes disciplinas para abordar al paciente de manera completa. Sin embargo en el transcurso de los días y de las distintas temáticas desarrolladas por reconocidos profesores médicos de nuestro país, me fui decepcionando dolorosamente al comprobar que cada uno persistía en su compartimiento estanco, haciendo “como que” integraban saberes, pero en realidad cada uno miraba al paciente y su entorno por el ojo de la cerradura de su especialidad, sin relacionarlo, menos integrarlo, con la visión de los otros. Allí todos exponían detalladamente lo que habían aprendido en largos años de experiencia profesional, pero nadie mostraba cómo hacer para integrar esos conocimientos y darles una nueva organización, una nueva lógica.
Había algo en todo los esmerados intentos que se hacían para que este curso funcionara como una unidad integrada de las diferentes disciplinas, que me producía mucho dolor…era la lógica que se seguía para organizar el conocimiento.
Esa lógica era la de un Universo mecanicista, material, sujeto sólo a mediciones de sustancias, corpúsculos o presiones para evaluar el bienestar de una persona.
Cuando orgullosamente explicaban todo el despliegue tecnológico que se utilizaba para asistir a un paciente con un ACV (accidente cerebro vascular) y el costo en miles de pesos que esto significaba, no podía dejar de preguntarme: ¿Cómo sería si todo ese dinero, todo ese trabajo profesional, toda esa energía se destinara a prevenir? ¿No tendríamos personas más sanas, más conscientes de su salud, más felices?¿Cuántos síntomas previos tuvo esa persona, que no vio, antes de terminar haciendo una hemorragia cerebral?
Tomando como ejemplo los ACV, se conoce que son desencadenados por múltiples factores pero que los hábitos de vida, la alimentación y el estrés son muy importantes para que se manifiesten o no. Sin embargo, tanto médicos como pacientes, en el momento del tratamiento ponen el mayor énfasis en la medicación y en la asistencia mecánica, para resolver el problema. Ambos, sin darse cuenta, dejan de lado la variable más importante qué se puede expresar en una sola pregunta: ¿Cómo estoy viviendo?
Esta única pregunta abre la puerta a varias más, que nos darán una descripción de la calidad de vida del momento. Así podemos comenzar preguntándonos: ¿Qué actividades hago? ¿Cómo son mis relaciones interpersonales? ¿Cuáles son mis pensamientos habituales? ¿Qué emociones me acompañan con frecuencia?¿Cómo duermo? ¿De qué me nutro? ¿Qué como? ¿Qué veo? ¿Qué leo? ¿De qué hablo?
Las respuestas a estas preguntas nos estarán dando el diagnóstico de por qué enfermamos.
Cuando era estudiante de Medicina, hubo algo que llamó poderosamente mi atención: si dos personas están en contacto con el mismo virus o germen ¿por qué una enferma y la otra no? O si ambas enferman, ¿por qué una sana más rápido y la otra no? Mis profesores me decían que eso dependía de la diátesis. Cuando estamos ante una evidencia feroz, siempre aparece una palabra rara para encubrirla.
Diátesis, deriva del griego y significa “predisposición a”. Entonces si de dos personas expuestas a un virus, una enferma y otra no es porque una está “pre-dispuesta” y la otra no lo está. ¿Por qué es así? ¿De qué depende que una persona se pre-disponga a enfermar y otra no?
Hasta hace poco se hacía mucho hincapié en el factor “herencia”. Lo hereditario era prácticamente nuestro destino. Hoy sabemos que no es así. Que podemos tener una carga genética determinada pero que para que se manifieste, necesitamos que el entorno sea el adecuado. Sino, no se da.
Así vemos que enfermedades como el cáncer, la hipertensión o la diabetes tienen un gran componente ambiental. Se ha podido verificar en todos estos casos como desencadenante común situaciones de importante estrés. Dicho estrés puede ser generado por factores físicos, sociales o personales. Pero en todos los casos, lo definitorio para enfermar o no, es la respuesta del individuo a ese cambio o demanda que la situación le presenta. La famosa “diátesis” de la que hablábamos.
El estar pre-dispuesto a enfermar o no, depende de la pre-visión que se tenga. Depende de la educación que esa persona haya recibido. Depende de lo que esa persona crea respecto a la salud y a la enfermedad. De cómo haya aprendido a alimentarse, a nutrirse en el sentido amplio de la palabra. De cómo haya aprendido a cuidarse, a darse cuenta cuando algo le hace mal y de cómo resolverlo. Porque nos nutrimos de todo el entorno. Nuestro alimento no es sólo lo que entra en nuestra boca, sino también lo que vemos y oímos. Lo que respiramos! Lo que pensamos y sentimos. Lo que percibimos con esos otros sentidos que nos hacen detectar la diferencia entre un ambiente hostil o amigable.
Este “estar concientes” o “darnos cuenta” de cómo nos relacionamos con nuestro entorno y con nosotros mismos, en definitiva de cómo vivimos, es lo que nos hará tener una diátesis saludable. En palabras de mis profesores de la facultad.
No busquemos las respuestas a nuestra enfermedad sólo en los análisis de laboratorio o en el diagnóstico por imágenes.
Cuando aprendamos a ser concientes de nosotros mismos, como individuos integrales y en relación permanente con el entorno, podremos “darnos cuenta” de cuándo entramos en un desequilibrio, aún antes de que aparezcan los síntomas. Podremos entonces tomar los recaudos necesarios y estaremos pre-dispuestos a sanar.