A la sombra de Mandela, el miércoles Sudáfrica elige Presidente

A cinco meses del funeral de Nelson Mandela y pese a las tensiones de una larga depresión económica, el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, parece destinado a ganar la quinta elección general desde que el fin del apartheid implantó allí el voto universal sin racismo.
A dos días de la celebración de comicios democráticos según el principio de «una persona, un voto» -sin discriminación por raza, color o lugar de residencia- que fue la reivindicación central de las luchas contra el sistema racista del apartheid, los partidos políticos sudafricanos cerraron ayer sus campañas.
El candidato favorito, por amplia mayoría, sigue siendo el actual presidente, Jacob Zuma, postulado por la alianza que hasta las primeras elecciones libres, en 1994, dirigió la lucha contra el apartheid: el Congreso Nacional Africano (CNA), el Partido Comunista (SACP) y la confederación sindical nacional (COSATU).
Zuma, un político tradicionalista y polígamo con cuatro esposas y 21 hijos, anticipó que se da por seguro vencedor y prometió acelerar la provisión de servicios básicos a una población que en muchas localidades se movilizó masivamente por ellos.
La oposición se apoyó en esas movilizaciones para atacarlo contraponiendo los gastos que hizo en su residencia de Nkandla, en un área rural del país. La auditoría del estado, además, produjo un informe en que lo acusa de haberse beneficiado indebidamente de fondos públicos.
En declaraciones de ayer, recogidas por la agencia sudafricana SAPA, Zuma respondió que el escándalo por corrupción con que se rodeó esos gastos era injusto y que el informe de la auditoría no permitía inferir que él se hubiera beneficiado personalmente con fondos públicos.
Zuma y la alianza que lo apoya consideran que el casi seguro presidente reelecto en las presidenciales del próximo viernes, es el continuador de la obra de Nelson Mandela. Sin embargo, durante el funeral del que todos consideran el «padre de la Nación» fue abucheado masivamente en un acto multitudinario.
Zuma y sus partidarios no sólo tienen que rebatir los cargos por corrupción y los reclamos por servicios públicos. Pesa sobre ellos también la masacre del año pasado durante la huelga minera de Marikana, que costó 40 vidas y fue la primera desde el apartheid.
La huelga, en una mina de platino, había afectado a la empresa Lonmin, donde Cyril Ramaphosa, un ex sindicalista y alto funcionario oficial, integra la dirección.
Encuestas citadas por la agencia de noticias EFE dan ganador a Zuma por el 63% de los votos (apenas menor que el 66% con que venció en 2009).
El candidato mayoritario cerró su campaña con un acto que congregó cerca de 100.000 partidarios en el estadio FNB del viejo bastión negro de Soweto (Johannesburgo). El estadio, sin embargo, se fue vaciando lentamente a medida que el Zuma avanzaba en su largo discurso.
Según las encuestas, la baja en la popularidad del candidato sería recogida ante todo por el principal partido opositor, la Alianza Democrática (DA), que según las encuestas subiría siete puntos desde 2009 y sumaría el 23% de los votos.
DA, un partido neoliberal que inicialmente congregaba ante todo a la antigua minoría blanca, hoy integra miembros de color y celebró su último acto de campaña también en Soweto, donde unos 8.000 seguidores acudieron a un concierto electoral en el que participó su líder nacional y candidata presidencial, Helen Zille.

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