“Las velocidades máximas no se salvan usando el cinturón de seguridad o el airbag”
Por Mauro Fernándes
“La seguridad vial debe ser una política de Estado”, recalca Eduardo Bertotti, abogado y director del Instituto de Seguridad y Educación Vial. En su oficina –en el microcentro porteño-, hay una obra artística que da cuenta de las consecuencias de los siniestros viales. Hace hincapié en que la seguridad vial debe ser abordada de forma sistemática. Control y educación, repite.
-Los siniestros viales son considerados como una “enfermedad social”, según se ha difundido desde el ISEV. ¿Por qué?
-Esa frase corresponde a la Organización Mundial de Salud (OMS), y, efectivamente, ha sido difundida por el equipo. Desde 2004, la seguridad vial forma parte de la órbita de la salud pública (OMS), y desde ese lugar la mejor definición dada fue precisamente que los siniestros viales son una enfermedad social, y, en definitiva, se los vincula a un hecho cultural. Hay falencias que determinan la enfermedad, como no prever el riesgo en la vía pública. Por ejemplo, ninguna persona pone la mano en una hornalla de fuego, sin embargo algunas cruzan la calle sin mirar. Frente al fuego hay una estructura cultural que previene el riesgo, pero no sucede lo mismo en la circulación vial. Hay sociedades que, a pesar de tener mayor cantidad de habitantes, mayor parque automotor y mayor cantidad de concentración de intereses en la vía pública, tienen índices de riesgo menores en la concreción de siniestros que la Argentina.
-¿Cómo lo han logrado?
-Cada sociedad tiene su idiosincrasia. La seguridad vial es una formación en valores. Así, por ejemplo, ha sido entendida en Suecia, Alemania, Inglaterra y, hasta cierto punto, en España. Tras varios años, esos países han logrado determinados cambios culturales a partir de políticas de Estado, que requieren del compromiso de todo el arco político.
En el país se cree de forma errónea que la educación vial es enseñar el sentido de las señales. Educar, en realidad, es formar valores.
-¿Se está lejos de alcanzar el propósito que plantea?
-La creación en 2008 de la Agencia Nacional de Seguridad Vial marcó una bisagra. Hasta su existencia, solo había comisiones asesoras, es decir, no había órganos ejecutivos. Hoy hay un director ejecutivo (Felipe Rodriguez Laguens) y un ministro a cargo (Florencio Randazzo). El director del departamento de Lesiones de la OMS destacó recientemente el planteo argentino en materia de seguridad vial. Para su abordaje, hay que trabajar en educación y control, y la agencia lo ha empezado a hacer. No hay que perder jamás de vista la versión sistemática. Es decir, no se pueden encontrar soluciones aisladas, ya que el problema es cultural.
Actualmente, hay voluntad política para abordar la problemática. Pero no hay garantías de que un nuevo gobierno vaya a seguir con las políticas trazadas desde la agencia. Por tanto, tiene que ser una política de Estado. Por primera vez en el país, se han destinado desde 2009 herramientas educativas de seguridad vial a docentes. Hubo, además, una notable disminución de muertes por accidentes de tránsito, principalmente entre 2010 y 2011.
-¿Qué tipo de políticas se deben focalizar?
-No hay que llegar a una meseta. Hay que implementar políticas específicas. Se puede trabajar, por ejemplo, en el uso del cinturón de seguridad, ya que está comprobado mundialmente que de esa forma se reduce la mortalidad. Entre 2005 y 2012, incrementó de manera notable la participación de motos y ciclomotores en la tasa de mortalidad vial. Ese ejemplo da cuenta que hay que trabajar en políticas específicas.
-Según cifras del ISEV, 7 de cada 10 muertes por siniestros viales ocurren en la zona rural. ¿A qué se debe?
-Depende el periodo. Allí está el problema de la velocidad. En la zona rural se alcanzan, en el proceso de impacto, magnitudes de energía cinética que el cuerpo humano no está acostumbrado a tolerar. Es bastante lógico que la tasa de mortalidad sea más alta allí que en la zona urbana. Es fundamental entender que las velocidades máximas no se salvan usando el cinturón de seguridad o el airbag. Si una persona conduce a 130 o 140 kilómetros por hora, por más que tenga puesto el cinturón de seguridad o se infle el airbag en caso de colisión, las probabilidades de muerte o de lesión orgánica interna son altas. Hay que pensar que el corazón, el pulmón, los riñones, el bazo y el hígado no tienen cinturón de seguridad.
-¿Qué factores inciden en las rutas patagónicas?
-En la Patagonia, las distancias suelen ser largas y los ambientes, monótonos. Por tanto, el conductor patagónico tiene que darle importancia al descanso previo (a la forma de comer, a no ingerir alcohol, por ejemplo).
-¿Cómo impacta el uso del celular?
-No estoy de acuerdo con el uso del celular, cuando se conduce. Se deja de prestar atención. Lo mismo ocurre con la instalación de pantallas LCD en autos.
-¿El cigarrillo también?
-Sí, también distrae, además de que es un factor de riesgo. La relación que se da entre un hombre y una máquina es parte de un trabajo. Mientras se conduce, se está trabajando, más allá que el objetivo pueda ser pasear.
-En las muertes de menores por accidentes en cuatriciclos, ¿toda la responsabilidad es de los padres? ¿Qué rol tiene el Estado?
-Durante todo el año, hay niños que mueren por accidentes en cuatriciclos. En el interior del país algunos chicos van en cuadriciclo a las escuelas. Es un tema muy grave. Por supuesto que tienen responsabilidad los padres, pero de esa forma no se salva el problema. El Estado tiene que actuar. Por ejemplo, hay que construir políticas de prevención. Hay tipologías que son características de un pueblo ignorante en materia de seguridad vial. Se padece una enfermedad social y cultural. No es un órgano el que está enfermo, sino la cultura. Hay prácticas siniestras.
-Como cuáles.
-Cuando participo de congresos internacionales y hablo sobre algunos siniestros viales que ocurren en el país, muchos de los participantes se espantan. Por ejemplo, cuando cuento que hubo que establecer mecanismos de seguridad en transportes públicos, para que no se puedan abrir o cerrar las puertas a determinada velocidad, porque algunas personas se caían. El Estado es el responsable de la seguridad vial, porque es el líder de la sociedad.
Se suele hablar de los muertos o los lesionados por accidentes viales, pero se olvida de las familias que están detrás. Es difícil participar de una conferencia y que no haya personas que tengan que tengan conocimiento de alguna víctima familiar o cercana por un accidente vial. Es una sociedad lastimada, que está enferma. Hay que tomar conciencia.