La educación que gestamos

Dra.Patricia Chambón de Asencio
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«Aprende a expresar lo que sientes sin culpar. A escuchar de manera abierta sin ponerte a la defensiva” Eckhart Tolle

“Conócete a ti mismo.” Sócrates

Sólo basta mirar a nuestro alrededor para ver qué clase de educación es la que estamos instrumentando. Observar sin culpar a nadie, simplemente observar, nos sirve para darnos cuenta que en la educación actual hay algo que no funciona. Ya no nos sirve, ni es útil para las necesidades presentes de la Humanidad.
Históricamente en la Civilización Occidental, la educación estuvo en manos de la Religión y luego de un considerable tiempo el Estado fue quien se hizo cargo. Sin embargo, antiguamente en los pueblos originarios la educación era impartida en el seno de la comunidad siempre ligada al hacer, a la experiencia en la relación con el entorno. Se aprendía algo observando, participando, haciéndolo. En este aprender se ponían en juego todos los niveles del ser. Físico, emocional y cognitivo. Un joven cazador aprendía a seguir las señales que la presa dejaba en su paso. Se guiaba por su instinto, por sus emociones y confiaba en las reacciones de su cuerpo que le advertían la cercanía del animal y lo aprestaban a dar el golpe certero. De ninguna manera este saber se podía transmitir sólo en teoría.
Parecería que en el transcurso del tiempo y en el proceso de civilización o “domesticación”, en palabras del Dr. Miguel Ruiz, nos fuimos alejando de la propia experiencia y nos convertimos en repetidores de experiencias ajenas. Hoy, después de muchos años de civilizada educación apenas si podemos darnos cuenta si llueve o no. Hemos adquirido cierta ceguera para ver en el entorno las señales de nuestro paso. Dejamos basura por doquier. Nos hemos vuelto sordos a las réplicas de nuestro propio cuerpo que sofocamos día a día con “tratamientos” que priorizan socializar y no sanar. Dependemos para saber si tenemos que usar abrigo o no del informe meteorológico. Confiamos plenamente en los medios de comunicación que nos informan acerca de la realidad. Obedecemos mansamente cualquier sugerencia emitida por alguien que viste guardapolvo blanco…símbolo arquetípico del Poder en esta época.
Educar deriva del latín “ex” (sacar) y “ducere” (guiar).Significa extraer lo mejor de cada persona guiando el proceso, Posibilitar que salgan a la luz capacidades y virtudes como la fortaleza, el autodominio, la voluntad, la perseverancia, la generosidad. Es notable que el significado etimológico no describe acción alguna de “introducir” conceptos, ni “atiborrar” con datos. Evidentemente hemos perdido el significado profundo de lo que es educar.
Coincidentemente llegó a mí una entrevista hecha a Claudio Naranjo, psiquiatra chileno que ha dedicado su vida a la investigación y a la docencia en Universidades como Harvard y Berkeley. Su opinión respecto a la educación actual es contundente:
“La problemática en la educación no es de ninguna manera la que a los educadores les parece que es. Creen que los estudiantes ya no quieren lo que se les ofrece. A la gente se le quiere forzar a una educación irrelevante y se defiende con trastornos de la atención, con desmotivación. Pienso que la educación no está al servicio de la evolución humana sino de la producción o más bien de la socialización. Esta educación sirve para domesticar a la gente de generación en generación para que sigan siendo unos corderitos manipulables por los medios de comunicación útiles al sistema. Esto es socialmente un gran daño. Nuestra mayor necesidad es la de una educación para evolucionar, para que la gente sea lo que podría ser.
La crisis de la educación no es una crisis más entre las muchas crisis que tenemos, sino que la educación está en el centro del problema. El mundo está en una crisis profunda porque no tenemos una educación para la conciencia. Tenemos una educación que en cierto modo le está robando a la gente su conciencia, su tiempo y su vida”.
Hoy necesitamos educar para la Vida, para darle sentido a la Vida. Esto tiene que ver con expandir la conciencia, con “darnos cuenta” de quiénes somos y cual es nuestro papel en esta historia, en este Planeta.
La actual educación prioriza sólo el uso del cerebro como exponente de la razón. Ha olvidado la conexión con el cuerpo, donde otros dos cerebros, corazón y vísceras, aportan emociones e instinto y hacen posible la verdadera síntesis del aprendizaje. Es una educación disociada, enajenada.
No podemos pretender alumnos motivados sino enseñamos cómo hay que motivar! Es urgente y necesario comenzar a educar las emociones en la escuela y en la universidad. Los docentes hoy reciben niños y jóvenes con carencias afectivas y desequilibrios emocionales producto de múltiples variables. Esto genera gran impotencia en quienes no tienen herramientas para afrontar estas situaciones y en los que, teniéndolas, no son apoyados por el sistema. Sin duda alguna, así se crean circuitos de frustración y malestar que se potencian cada vez más.
No se trata aquí de culpabilizar a nadie. Si no de comprender que una persona perturbada emocionalmente difícilmente puede aprender. Necesitamos una educación que priorice el desarrollo de personas integrales, donde los aspectos emocionales y del ser sean contemplados. Necesitamos una educación menos enciclopedista, con menos información y más autoconocimiento. Una educación que evalúe procesos y no exámenes de 45 minutos. Que en lugar de inyectar conceptos genere el espacio para que surja el dialogo interno y la reflexión de la propia experiencia.
Los seres humanos nos nutrimos de algo más que conceptos. Para ser personas, sanas, íntegras y felices necesitamos un espacio donde dejar que surjan estados inusuales como el asombro y la reverencia ante la contemplación de la belleza de la Vida, en todas sus manifestaciones. Este espacio es posible cuando aprendemos a disciplinar nuestra mente, cuando hacemos silencio, cuando dejamos que la experiencia hable por sí misma.
No podemos educar disociadamente. La educación también tiene que incluir un aspecto terapéutico. El desarrollo como persona no puede separarse del crecimiento emocional. Necesitamos una educación integral, una educación espiritual. De ninguna manera esto implica que sea religiosa. La vida espiritual no es patrimonio de ninguna religión ni de ningún dogma. Como tampoco lo es la educación.

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