La denuncia del síntoma
Dra.Patricia Chambón de Asencio
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No hay duda que nos cuesta relacionar las causas de los hechos que nos suceden entre sí y darles un sentido coherente e integral. Generalmente se vive disociadamente, mecánicamente, en una realidad inconexa donde cuesta ver la trama de acciones y relaciones que nos une a todo.
La educación impartida, basada en los principios del viejo paradigma mecanicista así nos hace interpretar la realidad. Vemos el Mundo escindido. Generalmente interpretamos las sensaciones que percibimos como resultado de algo que sucede allí afuera. Algo que comí, algo que me dijeron, algo que me hicieron. Rara vez nos preguntamos ¿cómo estamos reaccionando a lo que sucede afuera? ¿Por qué me cae mal lo que comí, o lo que me dijeron en determinadas circunstancias y en otras no?
Si me duele la cabeza tomo alguna medicación para que el dolor se vaya rápidamente y no me moleste ni interrumpa las tareas que tengo que hacer. Jamás se me ocurriría tomarme el tiempo para ver cómo es que me apareció este dolor de cabeza. Desde cuándo? Después que estuve con quien? Después que escuché qué noticia? etc. Suponemos que todas estas preguntas las debe hacer un profesional, que para eso estudió y depositamos en él toda esa responsabilidad. Confiamos plenamente en los análisis de laboratorio, en las cifras que nos dan un dato valedero para saber cómo estamos. Tenemos una fe religiosa en la aparatología, mientras más sofisticada sea, más seguros nos sentimos.
La publicidad ayuda enormemente a sostener esta idea disociada de la salud. Con avisos que nos instan a tomar gotas, píldoras, granulados, etc para continuar nuestras tareas habituales sonrientes y sin parar, sin detenernos nunca! Pareciera que detenerse es desaparecer. Así las propagandas a través de todos los medios nos bombardean permanentemente con la idea de que la salud es el resultado de estar bien monitoreado para controlar los procesos invisibles, intangibles que sólo el laboratorio y las máquinas nos pueden develar. Nos ponen frente a un enigma indescifrable que es nuestro propio cuerpo, para el que ya hemos perdido toda capacidad de interpretación.
Cuando en el siglo XVII se descubrió el microscopio accedimos a una nueva visión de la realidad. Descubrimos la existencia de un universo microscópico que nos permitió evolucionar y expandir nuestra forma de experimentar la existencia.
Hoy estamos tan fascinados por el desarrollo tecnológico que no podemos dejar de ver la realidad a través de la tecnología y se nos está pasando por alto algo muy importante.
Los antiguos Médicos decían “la clínica es soberana”. Con esto estaban diciendo que lo más importante es VER al paciente que tenemos enfrente, relacionar los signos y síntomas que presenta y elaborar un diagnóstico, que puede ser corroborado o no por el laboratorio de análisis. De ninguna manera el laboratorio o la radiografía o tomografía o PET o lo que sea determinará el diagnóstico. Porque la persona es un universo en sí misma, inigualable y cambiante en forma permanente. Los datos numéricos o por imágenes , son fotografías de la realidad no la realidad en acción. Parece irrisorio tener que recordar que “el retrato no es la persona”, “el mapa no es el territorio”…sin embargo actuamos como si lo fuera, depositando toda la credibilidad en los números del mapa y no en lo que la realidad viviente me está mostrando!
Hace poco una paciente me comentó que su hija de 30años había iniciado una dieta de desintoxicación en base a frutas y vegetales crudos, con lo que había adelgazado varios kilos en poco tiempo. Para toda la familia había sido un signo de alarma ya que todos eran obesos o excedidos en peso y tomaron como poco saludable la pérdida de peso de la joven integrante. El tío de la joven, médico cirujano, en palabras de la paciente “le hizo todos los estudios habidos y por haber para quedarse tranquilo que no era un cáncer”. Mi pregunta fue” ¿y vos, cómo la veías a tu hija?” A lo que ella respondió, “yo estaba tranquila porque aunque estaba delgada, se la veía bien, muy activa, con la mirada brillante, su pelo y sus uñas mejoraron y sobretodo…se la veía feliz!” Me pareció interesante como reflexión esta anécdota, ya que en un contexto determinado un signo de salud puede ser interpretado exactamente como lo contrario! Sobre todo si el síntoma pone en tela de juicio un sistema de creencias que todos avalan tácitamente. En una familia de obesos la delgadez es enfermedad.
De la misma forma, tenemos que estar atentos a los síntomas que aparecen en nuestro cuerpo como reacción a un medio ambiente cada vez más contaminado y manipulado por intereses mezquinos. A veces que una niña de 8 años comience con un desarrollo precoz de sus glándulas mamarias no es signo de un tumor endócrino sino el resultado de una dieta en base a carne y leche con alto contenido de hormonas.
Es llamativo observar el incremento en los últimos años del diagnóstico de TDAH (Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad) en niños de edad escolar. Cuando uno observa el síntoma fuera de contexto ve a un niño que “debería” reaccionar distinto a las variables del sistema. Si uno ve al niño en contexto, es decir en relación con las múltiples variables que lo rodean, ve otra cosa. Padres hiper ocupados, vivienda con poco espacio, muchas horas frente a la TV, jueguitos y videos como actividad principal de esparcimiento, poco o nada de actividad física al aire libre, poco contacto con animales y con adultos en juegos o actividades creativas. Dietas ricas en azúcar y cafeína que ingiere a través de gaseosas y golosinas, que le producen mayor excitación y colaboran con la hiperactividad. Se podría seguir describiendo más variables, sólo para comprender que el síntoma no se agota en la constitución física y genética de la persona, la trasciende.
El síntoma está denunciando un desequilibrio en el sistema, que va más allá del ámbito estrictamente individual. El síntoma es la expresión de nuestra forma de relacionarnos con el medio ambiente, esto incluye nuestro entorno familiar, social, físico y natural. Si vivimos todos en una sociedad enferma, no es raro que estemos enfermos.
Tenemos que re-aprender a “leer” nuestros síntomas, a interpretar el significado que tienen y el mensaje que nos están dando. Tenemos que recuperar el antiguo saber de nuestro cuerpo…perder el miedo a lo “indescifrable” y comprender que sólo necesitamos detenernos un momento, para mirarnos y escucharnos.
No luchemos por acallar los síntomas…tomemos el tiempo que sea necesario para escuchar lo que tienen para decirnos.