¿Comerá ajíes el monstruo del Lago Ness?
Por Javier Arias
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En Madryn son pocos los agricultores, los que hay luchan contra la tierra, la falta de agua, el viento y los bichos colorados. ¿Será por eso que hay pocos? Me imagino que si viviéramos en un oasis, en un edén de verdes y frondosas praderas seríamos muchos más los aplicados a esta ancestral ocupación, y eso que no tenemos los problemas que tienen los agricultores del valle africano del río Zambeze, que no conformes con los problemas cotidianos del arte vegetal, encima tienen que soportar estoicamente que los elefantes destruyan sus cosechas.
Dígame si no parecen pequeños nuestros problemas frente a esta pobre gente que cuando asoma la cabeza por su ventana, en vez de espantar mosquitos tiene que espantar paquidermos. Por la noche, dicen que en especial en luna llena y en época de lluvias, pequeños grupos de jóvenes elefantes atraviesan los campos de cultivo en África, arruinándolos a su paso. Pero bueno, que parece que le encontraron solución a tamaña (nunca mejor usada la palabra) peste mamífera, el zoólogo estadounidense Ferrel Loki Osborn, luego de arduas investigaciones y varias corridas nocturnas detrás de los elefantes, al grito de “la lechuga no, la lechuga no”, descubrió que cultivando chiles lograba mantener las trompas a raya, y no cualquier chile (ajíes traduciéndolo a un castellano más amable a nuestros oídos, ese, el de las dos pé), sino el chile habanero y jalapeño, dos de los más picantes que existen en el mundo. La razón es que los sentidos de los elefantes están diez veces más desarrollados que los de los humanos, por tanto, no pueden soportar el picante. Además, como se sabe, tienen también mucho más desarrollada la memoria, lo que hace que una vez que se coman uno se acuerden para toda la vida de la carrera al estanque más cercano.
Aunque parece que esta solución, si bien muy acertada a la hora de espantar elefantes, no lo fue tanto al momento de hacer el balance de la economía local del río Zambeze, otrora tan prolífico en vegetales y hoy abocada al monocultivo del chile jalapeño.
Pero antes de abandonar a los pobres agricultores de la costa del Zambeze y sus elefantes quisiera aprovechar el cauce trompetil de la columna de hoy y contarles que un nuevo mito ha sido derribado de la fantasía colectiva mundial. Se trata ni más ni menos que el de Nessie, uno de los monstruos más famosos de toda la historia mundial, precursor de nuestro autóctono Nahuelito. Según un reporte de la agencia Noticias Ya, el monstruo del Lago Ness podría ser en realidad un elefante que está disfrutando de un baño. Así, por lo menos, lo sostiene Neil Clark, un paleontólogo del Hunterian Museum de la Universidad de Glasgow (Escocia) que lleva dos años investigando a “Nessie”, y convengamos que si alguien dedicó dos años de su vida a estudiar a un monstruo mitológico de un lago, se merece aunque sea un poco de crédito, y más si entre sus títulos figura una universidad y un museo juntos.
En la opinión del científico escocés, las imágenes atribuidas hasta el momento al famoso monstruo corresponderían en realidad a elefantes de circo que, camino de las ferias de Inverness, se tomaban un baño de descanso. Lo único que me siembra dudas es que nunca se haya hablado de las ferias de Inverness, ni siquiera de una tropilla de elefantes por la zona, pero, son cosas que pasan, ¿no?
Pero volviendo a la teoría de Neil, la misma afirmaría que la trompa y la parte superior del lomo de un elefante en el agua se podrían confundir fácilmente con el monstruo. “Cuando los elefantes se bañaban en el lago, sólo resultarían visibles la trompa y dos jorobas, la primera de las cuales correspondía en realidad a la parte superior de la cabeza del animal”, explicó, sin reírse ni un poquito, el paleontólogo.
Esta sería la primera teoría académica para refutar un mito que ya tiene casi quince siglos de vida; el primer testimonio de la existencia de “Nessie” data del año 565, cuando el misionero irlandés que evangelizó Escocia, San Columbano, habría tenido un encuentro con la criatura. Desde entonces y hasta la actualidad, los “avistamientos” del monstruo se han multiplicado. Aunque oficialmente fue bautizado, en un alarde de creatividad, recién el 14 de abril de 1933 por el diario “Northen Chronicle”.
Demás está decir que el paleontólogo en cuestión no es muy bien visto en la región, que viene sobreviviendo desde aquel 565 a fuerza de muñequitos y merchandasing varios. Es que a veces la ciencia, en su afán eterno de explicarnos los misterios de la vida, termina aburriendo al electorado.