Charlas a media luz
Lo jugoso de la política se va dando en general fuera de cámara… Así lo expuso esta semana un quincho de esos a los que tuvo acceso Ámbito y que vale la pena reproducir por lo esclarecedor de algunos movimientos a tener en cuenta en las ´ligas mayores´ de la política. En ese ámbito gastronómico se juntaron nada menos que Capitanich y Pichetto con la cúpula radical compuesta por Ernesto Sanz y Gerardo Morales.
Dicen que buscaron el sigilo para escapar de los faroles en la parálisis en que había entrado la Capital por el paro, expediente eficaz que impidió que lo supiesen propios y ajenos, distraídos con la algarada sindical. Fue el jueves en dependencias del Central. Este dúo radical había aceptado sentarse con el jefe de Gabinete como hace dos meses había estado con el presidente del Banco, Juan Carlos Fábrega, para escuchar entonces un estremecedor diagnóstico de la situación de la economía post devaluación de la boca de uno de sus máximos gerentes. Esta vez había materia pendiente, porque creían deberse una charla cara a cara después de la pirotecnia del último informe de Capitanich ante la Cámara, que dejó abiertos varios corchetes (llaman así los diplomáticos a los asuntos que quedan irresueltos en negociaciones discretas).
Dicen que hubo de todo, pero lo que valoraron al salir todos fue la sinceridad en mostrar lo que pueden de su juego político, algo que siempre sirve cuando se conversa sin mediaciones del proselitismo, y por fuera de los estereotipos en que caen todas las refriegas políticas.
Tener enfrente y casi a solas al jefe de Gabinete obligó a la dupla radical a comunicar que se caía un acuerdo que habían cerrado hace un mes los radicales con el Gobierno, la aprobación del nombre de Juan Manuel Abal Medina como ombudsman, cargo vacante desde hace varios años, y cuyos adjuntos han perdido también su designación. Hasta ese día el Gobierno contaba con la señal de la oposición radical de que aportarían los votos para llegar a los 2/3 que requiere el nombramiento. No va a poder ser, le dijeron al jefe de Gabinete cuando apenas se servía la entrada, porque la UCR ha decidido una estrategia de diferenciación del oficialismo y que no dará los 2/3 a ningún proyecto que lleve el kirchnerismo a la Cámara.
¿Y votaciones de mayoría simple, como un pliego de embajador que sólo exige la opinión del Senado? Eso puede ser, le respondieron, y por eso a las pocas horas se hizo circular la información de que irá a la comisión de representantes del Mercosur en Montevideo, cargo que honraron Eduardo Duhalde y Chacho Álvarez. ¿Algún canje? Los radicales no estaban en condiciones de pedir nada, pero le señalaron a Capitanich que los intendentes de su partido en la provincia de Buenos Aires son la cenicienta de esta película, y que nadie del Gobierno nacional los atiende. Para la oposición este rubro es la punta del empeño de tener mayor visibilidad en la pelea por el poder provincial.
En este punto los gozó un poco Capitanich al preguntarles si van a insistir en candidaturas como las de Margarita Stolbizer o Ricardo Alfonsín. Se le sinceraron con un no, y que están a la búsqueda de alguna estrella, como puede ser el médico que atendió a Cristina de Kirchner en la Favaloro, Facundo Manes. ¿No iba a Capital?, se interesó Pichetto. No, para la Capital estamos trabajando a Martín Lousteau, que da bien en las encuestas. Pero en la provincia, retrucan los radicales, ustedes tampoco tienen para festejar, porque Massa está enfrente. Los peronistas devanaron algunas especulaciones sobre otros nombres que se mantienen arriba en las encuestas, como Florencio Randazzo o Julián Domínguez.
Le puso algo de pimienta la pregunta de Capitanich sobre la afirmación radical de Massa. Respuesta: ustedes no ignoran que hay un sector del empresariado, lo que ustedes llaman el «establishment», al que algunos gurúes y encuestadores han convencido de que el escenario posible en 2015 es un balotaje entre Massa y la liga UNEN. ¿Y nosotros -sonrieron del otro lado de la mesa-, que somos el Gobierno nacional, cerca de 15 gobernadores y tenemos mayoría relativa en las dos cámaras? Bueno, eso dicen ellos, y eso le da aire a Massa, que es problema de ustedes.
Capitanich, que es un imaginativo con datos, o sea un peligro en cualquier polémica, les hizo ver que Massa le conviene a la oposición porque divide al peronismo en el principal distrito y levanta las chances de alejar al peronismo que gobierna de un triunfo en primera vuelta. Del otro lado les dijeron que en cualquier caso la Argentina, de darse ese balotaje -el primero desde la reforma de 1994- entre la liga UNEN y algún peronismo, se reforzaría el esquema bipartidismo que hoy no rige, pero para el cual está escrita toda la doctrina y la reglamentación para hacer política. Capitanich tomó el argumento del bipartidismo y dijo que creía en eso, y que en todo caso debían pensar en sumarse al campo nacional y popular junto al Frente para la Victoria como una expresión del centro-izquierda y confrontar con el centroderecha que representaría, digamos, un Mauricio Macri o un Sergio Massa. Tamaña imaginación de geometría política llevó a la discusión de si el peronismo es la derecha o la izquierda y a revisar algunos extremos de las dos fuerzas que estaban sobre la mesa de Pichetto. Claro que en los dichos del jefe de Gabinete pesaba la experiencia de 2007 de la alianza del kirchnerismo con un sector del radicalismo en la fórmula Cristina-Cobos, un esquema que estalló en el vértice superior pero que subsiste, bajo diversas formas, en la base, y que explica la exaltación del santiagueño Gerardo Zamora como presidente provisional del Senado, un cargo que lo premia en varias instancias. Una porque tiene caudal de votos en su distrito, en donde no pudo reelegir, y dejarlo en una banca del Senado podía apagar el fuego de esa convergencia en donde tuvo mayor éxito, que fue en Santiago del Estero. Después, porque lo exhibe como preferencia de Olivos para la ampliación de las alianzas hacia sectores de otros partidos, primero que nada hacia el radicalismo. Datos para ir apuntando…
Fuente: Ámbito.com