Paso a paso

romanaEn un reciente artículo publicado en el diario El País de España, titulado «Cómo Argentina dilapida su porvenir», su autor, Ricardo Esteves, que curiosamente se define como empresario argentino, realiza no de forma casual ni desinteresada, una errónea radiografía del modelo que nuestro país lleva adelante desde el 25 de mayo de 2003 con el ex presidente Néstor Kirchner primero y que cada día profundiza desde 2007 la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
En ese sesgado análisis se ocultan todos éxitos que logramos los argentinos en la última década y se defiende las supuestas bondades de las políticas neoliberales de la década del ’90, como si ese modelo no hubiera eclosionado en 2001.
A pesar de que en 2008 el mundo entero comprobó el rotundo fracaso del modelo neoliberal, persisten ciertos sectores que quieren rescatarlo del olvido con el objetivo de hacer retroceder a nuestro país y quitarle a la mayoría de la sociedad los logros alcanzados con este modelo de crecimiento económico e inclusión social.
Los indicadores económicos señalan que en los últimos diez años el PBI se ha expandido un 93%, se crearon 5 millones de puestos de trabajo, la Argentina pasó del quinto al primer puesto en salarios promedio regionales (aumentaron siete veces), la pobreza se redujo del 54% a un dígito y la desocupación pasó del 25 al 6,4%, generando un fenomenal proceso de inclusión laboral que ocupa a 11,1 millones de argentinos sobre un total de 11,8 millones en condiciones de trabajar.

Por Julio de Vido

Asimismo, hoy existen 600 mil empresas en funcionamiento mientras que en 2003 había 380 mil, es decir que en diez años se crearon 220 mil empresas, lo que redunda en un crecimiento del 60 por ciento.
Estos números son irrefutables y no reconocer los resultados logrados en tan sólo una década obedece a los intereses que preferirían una Argentina sin futuro ni inclusión social.
La competitividad y el poder de consumo de los salarios son, sin dudas, el motor del mercado interno y promueven el desarrollo de empresas, comercios, fábricas y productores que de otra manera no podrían existir. Sin este mayor poder adquisitivo de los salarios, estos emprendimientos deberían cerrar sus puertas.
Es por ello que hablar con liviandad del consumo interno, del trabajo y de los salarios, como si fuesen cifras que no afectan la vida de los argentinos, además de una miopía empresarial, es un claro y decidido desprecio por la responsabilidad social.
Para una persona, perder su trabajo no sólo representa un problema directo en su economía personal, sino que se transforma rápidamente en una condena psicológica y sociológica que repercute en todos los órdenes de su vida, desde la confianza, lo emocional, personal y lo familiar.
Los 400 mil compatriotas que decidieron emigrar en ese período son la prueba más contundente de que no existía un modelo de país que incluyera a todos.
El Estado argentino no determina el nivel de los salarios actuales, pero sí, a través de las políticas implementadas por el gobierno nacional, propició la reapertura de las paritarias libres, la derogación de las indignantes leyes de flexibilización laboral del período previo y llevó adelante políticas de redistribución del ingreso que garantizaron la participación del trabajador en los frutos del crecimiento económico. Hoy es un logro indiscutible que los trabajadores, a través de sus sindicatos, son los que libremente acuerdan con los empresarios las pautas salariales. Para esta gestión de gobierno no hay uno, dos o tres empresarios, existen 600 mil que cuidar e incentivar su desarrollo con competitividad y millones de argentinos a quienes debe protegerse el trabajo.
Porque no son empresarios exclusivamente los que conducen miles de trabajadores y facturan millones de pesos por mes, también lo son los que están al frente de los muchos comercios, pequeñas y medianas fábricas o productores agropecuarios que, gracias a la virtuosidad del modelo argentino de consumo interno y competitividad, lograron abrir sus puertas y/o incrementar su planta laboral de cinco a diez, de diez a 20, de 30 a 50 o de 100 a 150 trabajadores.

Malos recuerdos

Defender la década neoliberal al amparo de falaces y ficticios argumentos de una supuesta estabilidad macroeconómica, omite adrede que la industria durante ese período no estuvo en recesión sino en un proceso de profunda depresión económica. Y esto es reconocido por el propio sector.
Desde el año 2003, el sector industrial logró expandirse un 113% a precios constantes. Si no hubiese habido un marco favorable y competitivo para el sector, este desarrollo hubiese sido imposible.
El autor rescata el supuesto éxito del modelo neoliberal con el desempeño del agro durante esa década. Él mismo incurre en una contradicción entre la teoría de fijación de salarios que presenta y los datos de la realidad. La teoría neoliberal afirma que el aumento real de los salarios depende de manera ineludible del aumento de la productividad.
Entonces no se entiende cómo a pesar de que «la Argentina experimentó un espectacular aumento de la productividad en el sector agropecuario por la revolución tecnológica que aconteció en la década del ’90, que permitió aumentar extraordinariamente la producción», según sus afirmaciones, el salario de los trabajadores del campo cayó de $ 440 en 1995 a $ 415 en el año 2001. Es decir, los trabajadores del sector no participaron en lo más mínimo de los beneficios de la tecnificación, cabe señalar muy desigual, del sector.
Esto fue posible por la ausencia y desregulación del Estado que en lugar de llevar a cabo políticas de salario mínimo, de protección del empleo, de movilidad de los haberes jubilatorios y de protección social, favoreció la vulneración de los derechos laborales que están garantizados en los países que él cita como ejemplo.
También, mediante análisis sin rigor técnico, se suele criticar la política de infraestructura que permitió llevar adelante el plan de obras públicas más grande y exitoso de toda la historia para un país como la Argentina, que es el octavo territorio geográfico más extenso del mundo con una superficie equivalente a cinco veces el territorio de España o Francia, o nueve veces el de Italia o Alemania. Con un crecimiento demográfico del 10,6%, la cobertura de servicios se duplicó en diez años, lo que no deja lugar a dudas que una gran parte de la sociedad estaba excluida de los mismos y ha dejado de estarlo.
La crítica al actual modelo de infraestructura siempre va acompañada por la referencia al supuesto «autoabastecimiento energético» que se perdió. En ese análisis artificial se omite intencionalmente que el mismo ocurrió con depresión industrial, un 25% de desocupación, 54% de pobreza, once provincias aisladas del sistema eléctrico, la mitad de los hogares sin gas, un parque automotor circulante que era la mitad del que es hoy y precios de combustibles y tarifas como si la energía se importara desde Texas o el Mar del Norte, cuando en realidad se producía localmente. En los últimos diez años la demanda energética y de potencia casi se ha duplicado, lo que deja en claro que el modelo neoliberal de los años noventa expulsó a la industria y tenía excluida una gran parte de la sociedad del acceso a los servicios indispensables, como la energía eléctrica o el gas.
El histórico crecimiento económico del 93% con inclusión social, el desendeudamiento, los 5 millones de puestos de trabajo creados, la derogación de la ley de flexibilidad laboral, el salario universal, las paritarias libres, la eliminación de las AFJP, la jubilación de 2,5 millones de personas y la movilidad jubilatoria, la Asignación Universal por Hijo, la anulación de las leyes de impunidad, los Derechos Humanos, la ley de identidad de género, la ley de matrimonio igualitario, la recuperación de YPF y de Aerolíneas Argentinas, el Plan Pro.Cre.Ar, la Ley de Tierras, la Ley de Medios, el programa Conectar Igualdad, la inclusión digital, la inclusión educativa, las 1650 escuelas nuevas, las diez universidades nuevas, la repatriación de 1300 científicos, el Plan Nacer, el Programa Remediar, Progresar, entre muchos otros, son las políticas que han devuelto la independencia económica, la soberanía política, el camino hacia la justicia social y, sin lugar a dudas, la construcción del porvenir.

Fuente: Infonews – Tiempo Artgentino

ÚLTIMAS NOTICIAS