No dejes que termine el día sin haber sido feliz

Dígame una cosa, Pelado, y se lo voy a preguntar con todo el respeto del mundo, si le menciono a Walt Whitman, ¿a usté le suena de algo? ¿Tiene algo que ver con Walt Disney, Cándido? No, Cárdenas, definitivamente no. No, entonces no me suena, Rivera. Me imaginé, aunque no lo culpo. ¿Y por qué me tenía que culpar ahora? Bueno, se me ocurren unas seis o siete atrocidades para endilgarle, pero no vienen al caso hoy, Cárdenas, no se ataje; le digo que no lo culpo porque el viejo Whitman no es muy conocido, bah, no es todo lo conocido que se debiera. Mire, hoy se cumplen 122 años de su muerte y… ¡Ciento veintidós años, como para acordarse de alguien! No sea animal, quiere, ¿o acaso usté no se acuerda de Rivadavia y Moreno… ¡A Moreno no me lo nombre! ¿Qué no le nombre a Mariano Moreno? Ah, no, a ese sí, al otro Moreno me refiero, el de los guantes. No me rompa las perlitas con política hoy, Pelado, se lo pido por lo que más quiera; le decía que no importan los años, sino las obras, y Whitman tiene una obra que es completamente inmortal. Mire, para que sepa está considerado como el padre de la moderna poesía estadounidense, su influ… ¿Poesía dijo? Sí, poesía dije. ¿Y por qué carámbanos se pensó que yo podía saber quién era, Cándido? Porque aún me quedan esperanzas, Pelado, nada más que por eso, pero, justamente, déjeme que le cuente que Walt Whitman superó ampliamente las fronteras de su país de origen alcanzando con su influencia a poetas tan disímiles y distantes como Pablo Neruda, Fernando Pessoa, Federico García Lorca y al mismísimo Borges. O sea, ¿a Borges lo tiene no, Pelado? No me jorobe, Cándido. Mire que no le estoy hablando del personaje que hacía Olmedo con Portales en la televisión, ¿eh? Yo sé quien es Borges, Rivera. Bueno, algo es algo, Cárdenas.
Bueno, la cosa es que ya pasaron más de ciento veinte años de cuando escribió sus primeros poemas y todavía tienen la misma vitalidad que en aquellos tiempos, dos siglos atrás.
Además, Pelado, el viernes fue el día de la poesía, qué mejor que festejar el día mentando a Whitman…
Mire, hagamos una cosa, haga un esfuerzo y escuche esto, si no le gusta se levanta y se va. ¿Y no se va a enojar si me levanto y me voy? No me voy a enojar, Cárdenas, pero le apuesto lo que quiera que no se va a levantar. Y no sólo eso, Cárdenas, le voy a regalar el libro, confíe en mí.

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
«Emito mis alaridos por los techos de este mundo»,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros «poetas muertos»,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los «poetas vivos».
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

Por Cándido Rivera
[email protected]
www.rivera.bitacoras.com

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