Manifiesto en apoyo a la lucha docente
En esta reflexión partimos de suponer que la educación por ser una temática social debiera englobarnos a todos/as, que podemos llegar aunque sea a intuir la importancia que reviste la educación ante las demandas de la vida en sociedad, ante la necesidad de participar del mercado laboral, de acceder a ciertas ventajas socioeconómicas inaccesibles para quienes quedan fuera del sistema educativo, podremos disentir en los métodos y en los contenidos que debiera tener la educación, pero podemos reconocer este punto de partida. Pero más allá de eso, hoy es relevante preguntarnos: ¿la educación como problemática social, como necesidad, como derecho y como herramienta, puede reducirse exclusivamente al hecho de enviar a niños, niñas y jóvenes a las escuelas y que éstos sean recibidos en tiempo y forma? Todos los inicios de año lectivo debería ser evidente que es mucho más complejo y que como sociedad debiéramos reflexionar en torno a ciertas cosas que muy livianamente contemplamos pasivamente a través de medios de comunicación o en las puertas de las escuelas, y sobre las que raramente nos comprometemos activamente.
Hoy en Chubut los/as docentes protestan por históricas desatenciones de las conducciones del Estado, todas, incluso la actual. No son 50 ó 100 son más de 2.000, de todos los gremios y auto-convocados/as, son K y anti K, y se cansaron del negociado permanente de lo innegociable, la dignidad del trabajo. La dignidad de la clase trabajadora es vulnerada permanentemente, y poco hacemos para que no nos suceda. Hoy el conflicto docente con su agrupación en asambleas marca la profunda necesidad de organizarse colectivamente en defensa de los derechos. Que no es la lógica individualista del salvarse de a pocos/as la que resuelve nada, y que si pretendemos estar bien mañana debemos comprometernos a luchar hoy, no diferir y no esperar que las soluciones de la providencia política, sino del acuerdo real y justo entre trabajadores/as y Estado.
Ahora mientras tanto la sociedad calla, se polariza, se desentiende, se siente afectada en lo personal. Siente que es perjudicada porque sus hijos/as no comienzan las clases, o porque no saben qué hacer con ellos/as en casa todo el día, porque no le garantizan el acceso a la educación sin conflictos. Se siente ajena a esta lucha. Se siente en el medio de una puja de poderes y siente más de lo mismo. Pero esas percepciones se constituyen en cierto grado en la imposibilidad de comprender (ponerse en lugar de) la situación del/la otro/a, en este caso docente. Y radican en el efecto conjunto de las opiniones de los medios de comunicación y la olvidada tarea de ejercer pensamiento crítico como masa social, como pueblo.
Como sociedad no podemos pensarnos colectivamente, imposibilitando la verdadera protesta social, quitándole la fuerza que ésta debería y podría efectivamente tener. Fracciona la lucha, emerge aparentemente como motivaciones de grupos particulares, tildados de desestabilizadores o violentos y se la desatiende hasta que la tensión generada por la alteración de la rutina social enfrenta a la gente con la gente misma, librando a la opinión de los “afectados” el darle legitimidad o de quitársela asociándolas con procesos que amenazan la paz social.
Entonces se habla de paz social pero ¿qué es la paz social? ¿Debería ser callar y aceptar lo que nos den por cálculo de presupuestos macro o micro-económicos? ¿A costa de qué sostiene? ¿En la inmovilidad de las personas, imposibilidad de reaccionar ante la injusticia ante el maltrato institucional? . La sostiene la atomización de la protesta social, porque los problemas están, siguen ahí, no cambian. Porque años de malas prácticas políticas de las instituciones del Estado han introyectado en la consciencia colectiva la idea de que todo se reduce a sumas de intereses individuales, descomprometidos, pasando a último plano la continuidad de viejos maltratos, las omisiones institucionales respecto a sus trabajadores/as.
Pero poco se dice de la violencia que supone que los/as docentes, seguidos por los/as empleados públicos de la administración del Estado, registran los menores ingresos por salario. ¿Las brechas económicas no son violencia?¿Cómo asegurar la paz social entonces? ¿Cómo pretender inicios de clases sin conflictos? ¿Bajo qué supuestos y acuerdos implícitos pretendemos enseñanza pública de alta calidad?
Como sociedad ¿por qué toleramos en silencio e inactivamente que el aparato de las instituciones públicas funcione en base a la explotación de trabajadores y trabajadoras? ¿Hasta cuándo?
Creemos en la lucha de trabajadores y trabajadoras como un todo, y que como tal es un problema de todos/as, nuestro.
Puerto Madryn, 17 de Marzo de 2014
Firmantes:
Laura Alejandra Silva; Juan Miguel Gortardi; Gabriela Degorgue; Mariangeles López; Laura Brandizi; Mariano González, Susana Romero: Alejandra Alonso Bidonde, Roberto García Manino.
(Extracto de http://17contra-dicciones.blogspot.com.ar)