Leyendas urbanas y otras yerbas

romannaLa mentira está afuera, solo falta que alguien la deje entrar”, recita una sentencia que fue haciendo escuela en periodismo, a propósito de los rumores y versiones que suelen circular profusamente, en ciudades de fuerte comunicación interpersonal como las nuestras. La leyenda urbana suele ser un relato del folclore popular a veces emparentable con un tipo de superstición, que, pese a contener elementos inverosímiles, es presentado como hechos reales sucedidos al ladito nuestro nomás. Se caracterizan por el hábito de la exageración y también de la distorsión con algún indicio de realidad. Y casi siempre suelen tener un trasfondo como “moraleja”.
Es más. Una misma leyenda urbana puede llegar a tener infinidad de versiones. A menudo, el narrador afirma que los protagonistas de la leyenda urbana fueron conocidos o parientes de alguna persona cercana. Por este motivo, en inglés se las conoce también como FOAF (friend of a friend: ‘historias del amigo de un amigo’)

Blanca, muy blanca

La historia que circula como sábana espantandora sigue teniendo que ver en Puerto Madryn con la droga. Hay relatos semi fantásticos de personajes y eventos que trasvasan la historia de esta bucólica villa que se refleja mansamente en el Golfo. Las hay vinculadas a los enriquecimientos improbables y desmedidos, a los comportamientos llamativos y a los vínculos sospechosos. Pero la que hoy nos compete es una que comenzó a tener forma el 10 de junio del año yeta, 2013. El día en que se le cayó una caja de langostinos de las manos a una empleada temblorosa y además de bichos muertos, encontraron polvo blanco en bolsitas.

Por Juana de Arco*

Desde esa mañana en que a los gritos alguien advirtió que se trataban como de mil kilos, que después terminaron siendo cien, la exagerada percepción nunca más volvió a ser la misma.Ayudó a atemperar la intriga el hecho que ya cien kilos de cocaína era todo un escándalo, incluso para un pueblo como el de Madryn donde todo sufre una inflación “diferencial” y se está acostumbrado a los números grandes.
Después, la vorágine del escándalo fue tan frenético en términos de estafa empresaria que terminó sacando en cierto modo la droga del medio. Tanto, dicen, que hasta el Estado ya ni recuerda que sigue negociando con tipos acusados de ser narcotraficantes, y los sienta a discurrir sobre IVA, comercio exterior, empleados y créditos posibles como si se tratara de los más prestigiosos empresarios nacionales.
Poseidón ya no se llama Poseidón, se llama Ian Fish. Por lo cual, la droga se encontró en una empresa que ya no existe. Un hecho no pudo haber pasado en un lugar inexistente, no?
Alpesca se vendió tan bien, que no tiene dueño legítimo que pague los sueldos. Si no hay dueño, no hay responsable de nada, no solo de sueldos, no?
El escáner volvió, pero los días que no estuvo se exportó sin problema, reponiéndonos un poco del síndrome “narcotráfico”. El ´placebo´, porque eso es lo que es, fue retirado incluso pese a toda contraindicación profesional. Nada peor que dejar abierta la puerta a la especulación, en el marco de tanto quilombo, no?
Así las cosas, el relato popular insiste en que algo habría adentro de las cámaras de Alpesca que provocó que de repente nadie quiera ser el dueño de la empresa, y luego todos se maten en los Tribunales por hacerse de la titularidad de la complicada firma. Todo indicaría que no se trata solo del posible resarcimiento que el Gobierno deberá aportar por la expropiación o por la ocupación transitoria.
Ni hablar del desmedido entusiasmo del Estado por “salvar” la empresa y los mil puestos de trabajo, algo que no se condice con los demás pasos, ya que ni se pensó en un plan de negocios por ahora.
En fin, cuando surgen los relatos fantásticos, es porque hay más dato afuera del discurso oficial que adentro.

Los espíritus malos

Las sábanas suelen ser asociadas con los fantasmas porque en general se cree que estos solían ocupar estructuras o casas vacías o abandonadas. Muchas de ellas amobladas y con telas cubriendo los objetos para preservarlos del polvo y la corrosión que suele imponer el tiempo y la inactividad a la materia. Dicen que cuando un almita en pena habitaba esos espacios, los lienzos se veían levantarse por efecto de la energía circundante.
Cuenta un conocido que trabaja en el Parque Industrial Pesquero que es tal el abandono de Alpesca que hay ratas correteando en las pilas de cajones que recortan tenebrosamente los patios traseros de la empresa. A veces se mueve alguna gaveta plástica alertando sobre extraños movimientos. Incluso han caído pesadamente ayudado por los corrimientos que también provoca el viento. La poca luz que hay en el predio, ya que la Cooperativa le cortó casi todo el suministro por falta de pago, excepto de dos cámaras, muestran el sitio a la noche como un verdadero antro de ánimas en pena, y no falta el que invoca que podría ser el mismísimo espíritu del “Pato Guacho”, que vuelve a sentarse en la piedra cerca de la Farola, en la que solía masticar su pan con queso cuando transitaba por el sendero que lo llevaba hasta la antena y de ahí cortaba derecho para el basural.
“Pato Guacho” fue un mendigo ´ilustre´ de Madryn, que terminó muerto a golpes en una casucha abandonada cerca de la terminal una noche oscura de invierno, no se supo nunca si por reyerta entre parias o a manos de uniformados por haber visto algo que no debía. Desde entonces, y por mucho tiempo en Madryn, aquellos lugares de preferencia del “Pato” mantuvieron cierto misterio, y hasta hubo coincidencias en charlas de fogón sobre circunstancias increíbles que rodearon sus circuitos.
Pero volviendo a la pesquera, está tan ´tapera´ que dicen que las huellas recientes de autos o camiones son fácilmente reconocibles en semanas. “Acá anduvo Juanito…acá Menganito..”, afirman como sabuesos algunos guardianes de la esperanza de recuperar el empleo.
Pero lo más llamativo sigue siendo el misterio que guardarían las cámaras de frío. En un momento dado se llegó a interponer una medida desde el sindicato, para que no se toque nada de ese presunto “pescado sin vender” para mantener la garantía de pago a los empleados y a ellos mismos.
También ese “pescado sin vender” fue la caución que se ofreció para que el Gobierno de Buzzi, pese a toda recomendación de la sindicatura de CORFO de no hacerlo, le diera un crédito a Omar “Cura” Segundo por 10 millones de pesos.
Dicen que el “pescado sin vender” sigue sin embargo, adentro de las cámaras. Algo de eso en buen estado y lo demás medio podridito.
Será tal vez en el marco de la asociación de ideas entonces que corre tanta suposición. Alguna vez, Alejandro Pennizi, el hombre encargado de la operatoria de exportación de Alpesca, relató, tal lo publicó el amigo Tobarez, que el “se descuidó” con el cargamento que terminó involucrado en la droga.
Que en algún momento le había llamado la atención que “los gallegos” manden pescado en tan mal estado pero nunca se imaginó que encima esconderían cocaína en ellos. Es más, casi que lo usó como argumento de defensa, alegando que no podrían ser tan torpes de poner algo en evidencia ya desde el contenido donde pretendía camuflar. Pero quienes se alimentan de conspiraciones sucesivas lo contradijeron, especulando que poner la carga en “pescado podrido” era la mejor manera de que si un perro husmeador se acercara “por error”, el fuertísimo olor sería capaz de neutralizar hasta al más narigón de todos. La otra suposición vinculante era que con el valor de la carga, si se trataba de pocas cajas, bien se podían gastar unos manguitos poniendo pescado en buen estado; pero si se trataba de muchos kilos, como mil, era un gasto extra importantísimo –además de las coimas y el reparto entre tantos- comprar encima langostino de exportación verdadero.
Todos estos dimes y diretes de un caso que ya abruma de sorpresa, desencadenó nueve meses después en que se vuelva a agitar con fuerza la sábana del fantasma de la cocaína posible, que podría tratarse de cientos de kilos, y que estaría aún refugiada en las cámaras de Alpesca, amén del “pescado sin vender”, mucho de ello podrido, que habría también allí.
La historia es que no solo el vulgo creería en este fantasma. También lo haría el propio Estado. De hecho, además de prohibirle el “acercamiento” a la planta a Segundo, esta semana la subsecretaria de Trabajo a pedido del STIA, dispuso una inspección en la planta. Y a la par, el Comité de Administración de la Expropiación oficial, liderado por Omar Albornoz dispuso abrir las cámaras sin supervisión de la justicia ni de la gendarmería ni de ninguna fuerza pública, con la excusa de hacerles “mantenimiento”. Al parecer del blanco fantasma ni noticia. Hubo desaciertos sobre el tonelaje de “mercadería” alojada allí, pero nada raro fue denunciado por las autoridades. Sí hubo ruido sobre el posible despido de la subsecretaria de Trabajo que se animó a pedir el registro del lugar. Como buen misterio, y ante la falta de testigos, la intriga volvió a encenderse. Si no hay nada que esconder, porque sigue la zaga de ocultamiento y represalias? Cosa de Mandinga!!, dicen.

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