En Brasil un coronel retirado admitió haber torturado y matado a presos políticos

En un testimonio ante la Comisión Nacional de la Verdad (CNV), instalada en 2012 por el gobierno de Dilma Rousseff, el coronel retirado del Ejército Paulo Malhaes relató su «trabajo» en la llamada «Casa de la Muerte», un centro clandestino en Petrópolis, a unos 60 kilómetros de Río de Janeiro, donde se calcula que 20 personas fueron asesinadas. De esta forma se convirtió en el primer militar brasileño en reconocer formalmente haber torturado, matado y ocultado cadáveres de presos políticos durante la dictadura que gobernó Brasil entre 1964 y 1985
Días le preguntó a Malhaes cuántas personas había matado: «Tantas cuantas fueron necesarias», fue la respuesta del coronel, quien se negó a precisar el número de presos políticos que torturó.
«Es difícil decirlo, pero fueron muchos», confesó y cuando el exministro le preguntó si se arrepentía de sus actos, el militar contestó con un escueto «no», y defendió el recurso de la tortura. «La tortura es un medio. Si uno quiere conocer la verdad, tiene que presionarme», argumentó Malhaes, quien también admitió que se encargaba de mutilar los cadáveres y ocultar los restos mortales de los presos asesinados para evitar que fueran identificados.
«En esa época, no existía ADN. Las partes que podían identificar a una persona eran el arco alveolar y las huellas digitales», recordó, al afirmar que solía romper los dientes y amputar los dedos de los cadáveres.
Pese a todo, el coronel se negó a confirmar la identidad de los desaparecidos políticos que pasaron por la «Casa de la Muerte», alegando que ya no se acordaba de ellos.
En principio, Malhaes no podrá ser acusado penalmente de los crímenes que confesó en razón de la Ley de Amnistía, dictada en 1979 por el último presidente del régimen militar, el general Joao Figueiredo.

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