En boca de laboratorio

Por Mauro Fernándes

martes“El próximo presidente no será abiertamente antikirchnerista, pero tampoco será kirchnerista.” La frase pertenece a Marcelo Leiras, doctor en Ciencias Políticas, investigador del Conicet y director de la maestría en Administración y Políticas Públicas de la Universidad de San Andrés.Se especializa en partidos políticos y federalismo, y actualmente está escribiendo, junto a otros colegas, un librosobre Guillermo O’Donnell.Señala que el Gobierno debió haber combatido la inflación en vez de intentar controlarla y hace hincapié en que se debe establecer en el país un esquema de redistribución de recursos que “consiga dar previsibilidad a la programación financiera de los gobiernos provinciales”.

P:-En un artículo sostuvo que el sistema de partidos políticos en el país está en desequilibrio. ¿A qué se debe?
ML: -Desde 2001 ha sido improbable que un candidato no peronista pudiera ganar una elección presidencial, al mismo tiempo que en muchas provincias también ha sido difícil que se produzca una competencia eficaz con los oficialismos de turno. Esa situación provocó que un segmento muy amplio de la población, que no se identifica ni con la historia, ni con el presente del peronismo, no tenga una representación política muy clara.

-¿Por qué en las provincias ha sido difícil que se dé una competencia eficaz con los oficialismos?
-Son varias las cuestiones. Ante todo, los oficialismos tienen una ventaja:llevan adelante accionesque son más fáciles de interpretar. Además, muchos de los gobiernos de turno controlan recursos públicos y realizan varias gestiones, la mayoría de ellas legales, que restringen la competencia política. A su vez, hay aspectos institucionales vinculados a la fragmentación de quienes pudieran desafiar -ya sea desde un sector opositor como dentro del propio partido-aun gobierno. En fin, se debe a cuestiones ligadasa la naturaleza de la competencia política moderna y, por otro lado, a la táctica que emprenden los oficialismos.

-“Los gobiernos provinciales argentinos son en general débiles y dependientes desde el punto de vista financiero”, escribió usted. ¿Se ha acentuado esa dependencia en los últimos años? Algunos sectores, en determinadas oportunidades, han indicado que los gobiernos provinciales que no suelen estar alineados al Gobierno nacional suelen tener mayores inconvenientes para recibir fondos nacionales.
-La dependencia financiera no es más marcada que antes, pero sí hay una diferencia: el Gobierno nacional es el principal acreedor de las provincias. El Gobierno refinanció la deuda que tenían las provincias, que en algunos casos era muy significativa. De todas formas se trata de una dependencia financiera que tiene ciertas limitaciones. La principal es que un presidente no puede decidir no enviarle dinero a las provincias, pero sí es cierto que algunas inversiones marginales, es decir que no están incluidas en regímenes porque salen de lo habitual, aunque pueden no obstante marcar diferencias desde lo electoral, como ser la construcción de un puente, la pavimentaciónde una ruta o la construcciónde un hospital, parecen orientarse a las provincias o a los municipios que están circunstancialmente alineados con la Presidencia de la Nación. Parece haber un uso estratégico de la inversión pública nacional, orientada casi siempre a provincias que no están muy pobladas, pero que cuentan con significativo rendimiento debido a la representación que tienen en el Congreso de la Nación. El caso típico es el de Tierra del Fuego.

¿Qué sucede con las provincias más pobladas?
-Reciben menos. La inversión pública en las provincias más pobladas es más improbable que marque una diferencia. Por otro lado, el voto de los tres senadores de la provincia de Buenos Aires vale lo mismo que los tres senadores de Tierra del Fuego. Llevar adelante una inversión que motive el voto de los senadores bonaerenses es más caro, más difícil que hacerlo con los senadores fueguinos.

-En ese sentido, las provincias patagónicas, ¿son beneficiadas?
-Ostensiblemente sí. Reciben muchos fondos nacionales y otros subsidios de diversa naturaleza: por ejemplo, las cuentas de luz financian un fondo que sostiene el tendido eléctrico en la provincia de Santa Cruz. La intención del Estado argentino de poblar la Patagonia históricamente ha estado presente. Esa región sigue estando despobladay las provincias patagónicas siguen siendo sociedades de frontera, esdecir la mayoría de las personas que residen en ellas han emigrado recientemente. La población nacida y criada no es mayoritaria en casi todas las provincias del sur argentino.

-¿Qué otros desafíos se plantean en torno al federalismo?
-Lo más importante hoy es encontrar un esquema de redistribución de fondos que consiga dar previsibilidad a la programación financiera de los gobiernos provinciales y se oriente hacia un objetivo de equidad. No obstante, hay que ser cuidadoso con lo que se le pide al federalismo: Chubut siempre va a ser una provincia más rica que Formosa, porque hay diferencias de productividad, además de una serie de factores que dificultan que se pueda cerrar la brecha entre ambas jurisdicciones. Más allá de esas cuestiones, el actual esquema no ayuda en nada a superar las desigualdades regionales.

-¿Cómo se debería establecer el esquema?
-Se tienen que adoptar fórmulas que hagan previsible la distribución de los recursos tanto a nivel interprovincial como nacional. El esquema debería favorecer a las provincias que atraviesan una circunstancia social más complicada, además de intentar reducir la pobreza, el desempleo y los problemas de urbanización en el Conurbano bonaerense.

-¿Cuáles son las principales problemáticas que inciden hoy en la población?
-Hay una serie de problemas sociales que tienen consecuencias políticas: la inflación, es el más significativo. El Gobierno nacional hizo algunos esfuerzos muy tímidos para compatibilizar un control de la inflación, a partir de su objetivo de mantener alto el nivel de actividad y de consumo. Esa combinación ya no es posible: es muy difícil mantener alto el nivel de actividad con niveles de inflación inferiores al 30 por ciento anual. Entonces, el Gobierno está adoptando algunas medidas antiinflacionarias: la principal es dar un poco más de previsibilidad a la evolución del precio del dólar y aumentar el costo de financiamiento en pesos, es decir las tasas de interés. Esas medidas apuntan a controlar la inflación, más allá que van en contra de la concepción que parece tener la Presidenta sobre cómo debe abordarse la política económica.
El Gobierno perdió mucho tiempo: debió haber combatido la inflación en vez de tratar de controlarla. Si hubiera hecho eso en 2007, cuando se empezaban a sentir los primeros síntomas de una inflación en aumento, hoy probablemente se tendrían problemas de otra magnitud y más fáciles de resolver. Se dejó pasar mucho tiempo y ahora hay que ver si se combatir la inflación.

-¿Por qué a la Presidenta le ha costado tanto encontrar un posible sucesor?
-No es que le costó, no quiso encontrar a ninguna otra figura que pudiera sucederla en el ejercicio del gobierno. No obstante, hubiera sido difícil hallar una figura que sea fiel a la herencia, por así decirlo, del Frente para la Victoria. Dicho eso, la apuesta fue llegar a la elección legislativa del año pasado, para tratar de forzar un cambio constitucional que permitiera otro mandato de Cristina Fernández. Mientras vivía Néstor Kirchner, me parece que la estrategia era que ambos se sucedieran en el ejerciciodel poder. Nunca se intentó alimentar otras figuras.

-¿Scioli puede ser considerado como un posible continuador del kirchnerismo?
-No. Su instinto político difiere del kirchnerismo, sobre todo pensando en el kirchnerismo de las últimas dos gestiones presidenciales a cargo de Cristina Fernández. El próximo presidente no será abiertamente antikirchnerista, pero tampoco será kirchnerista. Nadie asume la presidencia para obedecer a un expresidente.

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