El “Cura”, el hijo y la madre que los ayudó
Decía el poeta Pierre Corneille que “hay que tener muy buena memoria para saber mentir”. Resulta que esta semana se habría presentado en la Seccional Segunda de Puerto Madryn, el ex dueño de Alpesca, Omar “Cura” segundo, el mismo que “ya no tienen nada que ver” a la hora de pagar los sueldos de los mil empleados, nada menos que a radicar una denuncia, que además le tomaron, donde asegura lisa y llanamente que Federico Otero, el ´banquinero´ sin auto ni traje propio que prometió millones y compró la pesquera en un abrir y cerrar de ojos, ayudando efectivamente al cierre sin ´traumatismos´, le habría robado los libros contables de Alpesca.
La sorpresiva denuncia se da además a pocos días que la Fiscalía anunciara el inicio de una investigación por “estafa”, al sospechar –por fin- que la operación de venta de la pesquera madrynense fue ficticia.
La presunta maniobra defraudatoria “se habría desarrollado a través de la simulación de una venta, en la que supuestamente Federico Otero y Rosa Chico le adquirieron el paquete accionario de Alpesca S.A y AP Holding S.A (empresa controladora del paquete accionario de Alpesca), a Omar Segundo y Juan Paulo Segundo por la suma de cinco millones y medio de pesos”, afirman los fiscales madrynenses en su escrito de pedido de apertura de investigación elevado el pasado 14 de febrero.
La investigación se inició a raíz de la denuncia de un grupo de empleados de la firma Alpesca, quienes ponen en conocimiento el despliegue de distintos actos por parte de los imputados.
Al parecer, Segundo habría contratado al ´prestanombres´ de Otero por una suma superior a los ochocientos mil pesos, a fin de ´bajar la persiana´ el 31 de diciembre, dejando a todo el personal en la calle, pero sin mayores consecuencias para él ni sus bienes. De hecho se casó, hizo una fiesta en el principal hotel de Madryn para más de trescientas personas, se fue de luna de miel, pasó parte de los mejores días de enero montado en su moto de agua surcando las aguas de Puerto Pirámides, en fin. Todo gracias al bueno de Otero que compró, huyó y no lo pescaron. Apenas tirándole el problema a este otro nuevo comprador que hasta las merluzas en cámara sabrían que sólo cumplió el papel de actor de reparto.
“Atajen a la viejita”
Los libros, lejos de ser robados, habrían sido entregados en las narices de los trabajadores, durante una manifestación que se dio la primera quincena de enero, frente a un prestigioso estudio jurídico ubicado en la primera cuadra de la calle 28 de Julio, casi esquina Roca. Allí, mientras dirigentes del STIA, y otros gremios acompañaban a los trabajadores con el objetivo de impedir que la operación de supuesta venta realizada el 6 de enero se terminara de completar sin un compromiso explícito para con los empleados. La tragicómica escena mostró que cuando todos esperaban la presencia de Segundo y Otero, sigilosamente una anciana que pasó tranquila entre la multitud, entró al edificio y se alzó con un paquete interesante que habrían sido nada menos que los libros contables de Alpesca. Libros que pasaron de una prestigiosa escribanía que no se quiso enredar presuntamente en la truchada, al estudio jurídico, de ahí al ascensor y de allí a la calle. La señora que como en la saga de una película de espionaje burló a todo un piquete de furiosos manifestantes con apenas su condición de frágil e inofensiva mujer mayor, habría sido la mismísima Rosa Chico, la madre de Otero.
El arte del “arquitecto”
La documentación era esencial para impedir que Segundo o cualquier otro fuera despojado de la empresa, por haber plantado a todo el personal heredándole tamaño conflicto al Estado. O sea, por más que la Provincia quisiera emprender cualquier proyecto cooperativo o estatizante, o expropiar o lo que fuere, sí o sí requiere de los libros contables.
Un escollo armado por un gran “arquitecto”, (como el de Matrix) a quien se le atribuyen casi todas las operaciones que se han venido dando no sólo en torno a esta, sino a otras pesqueras.
Conocedor de los vericuetos legales y habilísimo para elegantes textos leoninos que todo lo permiten pero también lo impiden, el contrato de venta de Alpesca a Otero tenía una cláusula bisagra para que la operación pudiera revertirse llegado el caso que conviniera. Esa cláusula en este caso sería la toma de posesión de la planta, cosa que nunca cumplió Otero, con lo que se permite automáticamente retrotraer la operación. Otra sería una de las primeras cuotas de pago, cosa que tampoco cumplió, tanto como el abono de los sueldos.
Todo a su debido tiempo
Con todo, a nadie escapa que ahora que Alpesca volvió a ser apetecible a raíz del proyecto de expropiación que está en marcha y ya tiene la Legislatura en mano. De hecho, quien acredite ser el titular del paquete accionario será quien cobre el millonario resarcimiento que el Estado chubutense deberá abonar –tarde o temprano- por la confiscación de los barcos y la planta. Por eso ahora Otero, el presunto ´prestanombres´, también se convirtió en “ladrón” a secas según Omar Segundo.
Hasta ahora Segundo ya habría cumplido el paso necesario para terminar de entregarle la empresa al gobierno, a cambio de que le paguen por ella, y para eso, debía completar el paso de los libros contables.
Dicen que hace un par de semanas, cuando un fortuito accidente en la ruta de Trelew a Madryn rozó el automóvil oficial que usa a diario el ministro Coordinador Miguel Castro, un episodio confuso pero que habría sido registrado en videocámaras, involucró arriba de ese automóvil a Omar “Cura” Segundo. A posteriori circuló una versión que lo ponía afuera del vehículo y en otro auto que circulaba detrás y por eso habría intervenido “para auxiliar”. Lo cierto es que lo que nunca se desmintió oficialmente fue que el auto era del gobierno y que Segundo estaba en el lugar. Pasados los días, y apareciendo otro nuevo capítulo los memoriosos se preguntaron: ¿Vendría Segundo de una reunión en Gobierno para terminar de arreglar esta historia de entregar los libros y acordar el resarcimiento futuro? La realidad podría indicar que sí, la mentira que no, o viceversa…