Anuncios explosivos
Fueron dos flashes seguidos y conexos. Informaciones que destellan como sustancia nociva en el inconsciente, o como estallido en el estado de vigilia del ahora. Que agentes de seguridad revisaran el recinto central de la Legislatura de Chubut ante del discurso inaugural del gobernador Martín Buzzi por eventual atentado u artefacto sospechoso, fue una visión fuerte.
Y que el ministro de Seguridad y Justicia de Chubut, José Glinski, anunciara trabajos de cooperación con los Estados Unidos “para mejorar nuestra capacidad de investigación” en el combate contra el narcotráfico, fue otra difícil de asimilar rápidamente.
Dos imágenes disparadas por el relato de acontecimientos difícilmente posibles, pero muy similares: que puedan poner una bomba a Buzzi en la Casa de las Leyes parecería tan improbable, como que Estados Unidos ayude a combatir el narcotráfico con efectividad, no? Sin embargo ambas cosas pasaron y pasarán.
Rimbombante
Lo cierto es que ambos episodios a diferencia de los muchos otros temas desgranados prolijamente ayer, al abrirse el trabajo legislativo, tuvieron un sesgo de realidad.
Por la mañana dos agentes de la GEOP presumiblemente especialistas en explosivos, desalojaron el recinto legislativo movilizando a los diputados que circulaban en el lugar, y revisaron las cortinas, las sillas, mesas, escritorio, lámparas y sócalos. No se sabe si hay antecedente de alguna explosión, pero todo indicaría que si alguien quisiera hacer un atentado lo llevaría al momento de ingresar, no tanto tiempo antes. Excepto que se sospeche de los propios legisladores. De hecho, si alguien hubiera querido ingresar algún tipo de bomba de estruendo o algo más, podría haberlo hecho por los casi nulos controles para con los visitantes al momento del acto.
En fin, como suele suceder con tantas otras cosas en nuestras latitudes, lo importante no pareció ser el resultado, sino el procedimiento. “Hacer, se hizo”, se escuchó sentenciar a un trabajador a la salida del baño.
Bomba de humo
En la misma línea, Glinsky confirmó además que en la ´ayudita´ pedida a Estados Unidos para combatir el narcotráfico, y como parte de esa tarea, “efectivos de la Policía del Chubut serán capacitados en aquel país”.
Sobre esto sin embargo, no detalló en qué condiciones, ni cuánto costará el curso, cuánto durará y quienes concurrirán, datos que seguramente serán publicados oficialmente en el marco de la transparencia que caracteriza la gestión y por tratarse de un tema tan sensible.
La otra cosa a saber es que implicará esto de pedir “ayuda” a los yanquis, porque está claro que a los chicos del Norte no les cuesta mucho sentirse enseguida como ´en su casa´, con todo lo que esto implica en materia de usos, costumbres y espionaje, un tema que tantos dolores de cabeza le ha traído al Presidente Obama en los países donde operan legal o ilegalmente.
Nosotros, los chubutenses, no nos caracterizamos además por ser muy avivados al respecto. De hecho, en contra de la actitud adoptada por ejemplo por la presidenta Dilma Rouuseff, que repudió recientemente el espionaje canadiense en nombre de Estados Unidos, sobre sus costas y recursos petroleros en la plataforma submarina brasilera; nosotros seguimos haciendo acuerdos de cooperación para que vengan científicos y barcos, como el Coriolis II que pasó raudamente por Comodoro testeando que tenemos y que no, tanto que se llevó puesta la boya científica que costó casi un millón de dólares y había sido donada por Europa a la Universidad.
Que se entienda, claro! Todo bien con la globalización científica, pero todo mal con la transferencia de conocimiento permanente siempre para el mismo lado, de nosotros a ellos.
En todo caso, el gran interrogante es ¿cuándo nos tocará a nosotros que alguien nos pida “ayuda” en otras latitudes? No hay que ser muy experto para comprender que por más que nos destaquemos en el manejo de algún tema, ningún país serio abrirá sus espacios y datos estratégicos gratuitamente para que los maneje la comunidad científica o los militares de otro país: costas, pesca, petróleo, vientos, minería.
A contramano
Para colmo la decisión de la gestión Buzzi no cayó para nada bien en la Rosada, dicen. De hecho se produce a tres años que el canciller Héctor Timerman retuviera en Ezeiza un avión militar norteamericano que llegaba para “instruir” a policías federales en la lucha contra las drogas. La figura de Timerman decomisando, alicate en mano, «material sensible» del avión C-17 Globemaster III, en febrero de 2011fue todo un escandalete que marcó literalmente la cancha de cuáles eran los límites y las excusas para intervenir en nuestro país.
Con esta decisión, Buzzi pone a Chubut en flagrante contradicción al mandato del gobierno nacional. Más allá de justificarlo con que otras provincias adoptaron la misma decisión de sellar por las suyas acuerdos con Washington.
Kevin Sullivan, “encargado de Negocios” de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, confirmó la participación de su país en tareas de “asesoramiento”, según confirmó ayer el matutino La Nación.
Buzzi se sumó
La ley 26.052 les permite a las provincias lograr un mayor accionar en la lucha contra el narcotráfico. Hasta ahora serían ocho las provincias que adhirieron a esta norma por diferentes motivos y firmaron convenios de colaboración para recibir apoyo de la DEA, el FBI y otras dependencias del Departamento de Estado yanqui.
Según dijeron fuentes diplomáticas y funcionarios provinciales, hasta ahora el acercamiento con Washington por drogas lo hicieron Buenos Aires, Chubut, Salta, Mendoza y Santa Fe. En su reciente viaje a Nueva York, Daniel Scioli se sumó a la intervención norteamericana. Así, Buenos Aires, que tiene más de 60 fiscales especializados y 100 jueces de garantías para el combate del tráfico de drogas ilícitas, recibiría más apoyo “directo” de Estados Unidos.
Martín Buzzi, no anunció ayer directamente las gestiones con Washington, aunque sí lo hizo su ministro, probablemente porque querrá consultar con los demás poderes y testear la percepción social sobre la decisión.
Es que no es un dato menor que se acuse a Estados Unidos de sembrar “pánico” a través de operaciones de narcotráfico para luego controlar e intervenir territorios ajenos. La de México ha sido toda una experiencia. De hecho se ha señalado directamente a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos y otras fuerzas de seguridad internacionales de que “no luchan contra los narcotraficantes”, sino que “intentan manejar el comercio de drogas”, dijo hace poco un portavoz del gobierno del norteño estado mexicano de Chihuahua. Las denuncias han sido recurrentes por parte de activistas, académicos y ex funcionarios sobre la presunta complicidad oficial en el negocio de la droga. “Son como las compañías de control de plagas, solo controlan”, dijo Guillermo Terrazas Villanueva, portavoz de Chihuahua. “Si acabas con las pestes, te quedas sin trabajo. Si acaban con el negocio de la droga, se quedan sin empleo”.
La militarización es todo un paso que ameritaría por lo menos la consulta amplia a la ciudadanía chubutense. Antes por ejemplo podría intentarse que funcionaran los escáneres (los de la terminales de colectivos se activan para mostrar que a veces andan, y el del puerto solo muestra formas, no sustancias). O que funcionaran los controles interprovinciales (los 110 kilos de cocaína entraron por Arroyo Verde) O que no existan funcionarios sospechados en el negocio del narcotráfico, ya que la rinoscopia masiva fue un buen golpe de efecto que nos permitió varios titulares a nivel nacional, pero como dice un experto en ironías “Seguimos manteniendo a Drácula, cuidando el Banco (de sangre)” mientras la UIF intenta hacer un tardío mapa del lavado de dinero. Por ahora lo más resonante del discurso de ayer del Gobernador, fue en este sentido es que por ahora no se tolerará en relación al Estado, abogados que defienda a narcotraficantes. En fin, una noticia por lo menos explosiva…