La guitarra – Parte 2

Por Carlos Alberto Nacher
[email protected] www.nacher.com.ar

Página de cuento 490

Jazz Manouche y Tangus Bonaerrensis con Ofidio Dellasoppa (escrito en 2007)

En la entrega anterior había comenzado a hablar de Angelo Debarre, un talentoso guitarrista del Jazz Manouche, uno de los tantos herederos de aquel prócer de la guitarra gitana Django Reinhardt, que dejó huellas indelebles en tocadores de guitarra de escalas a velocidades imposibles, con ataques perfectos, infinitas variaciones de patrones en distintas bases armónicas, solos que deleitan y al mismo tiempo impresionan, como Jimy y Stochelo Rosemberg, Joscho Stephan, Romane, Fapy Lafertin, Dorado Smith, y el versátil Bireli Lagrene, legendario guitarrista francés nacido en el 63 que grabó su primer disco a los 12 años y a los 16 tocaba con Jaco Pastorius.
En este momento estoy viendo un video de Debarre tocando Sweet Georgia Brown con Florin Nicolescu, violinista virtuoso, como lo son todos estos monos que tocan este jazz. La verdad que seguir poniendo adjetivos elogiosos antes o después del oficio de estas personas se está poniendo tedioso y se me están acabando los adjetivos, así que no voy a poner más que son virtuosos, talentosos, geniales, admirables, etc. De ahora en más, todos los músicos aquí nombrados tocan bien. Y listo.
Si quieren ver estos videos me lo pueden pedir a [email protected] , total, qué les puedo cobrar, no sé, después arreglamos.
Desde que la imprenta musical comenzó en Italia en los primeros años de 1500, y luego, 30 años después llegan a España con «tipos» traídos de Italia, precisamente con el libro de vihuela de Luys Milan (1536) hasta la fecha, han tocado la guitarra alrededor de unos 500 millones de personas solamente en el mundo occidental. Ni hablar que en 1546, en el libro de Mudarra es cuando encontramos piezas para guitarra renacentista de cuatro órdenes, y después en el de Fuenllana, en 1554, lo cual no quiere decir que la guitarra renacentista no se tocase desde muchos años antes.
Y así llegamos al presente, viernes 16 de noviembre de 2007, cuando siendo las 21:00 hs me baño, me cambio y me encuentro con Sady para ir a ver al cine a Ofidio Dellasoppa y Las Cuerdas Flojas, un espectáculo del guitarrista y cantor Silvio Cattaneo, que según versa en Internet: “encarna al anacrónico personaje Ofidio Dellasoppa, creado para el mítico espectáculo «Glorias porteñas», en una original y fina propuesta que combina música, teatro y humor. Inspirado en la tradición del cantor de tango con guitarras (los personajes Elíseo Campos y Anímides del Bace), Cattaneo evoca a los artistas periféricos de cantinas y boliches.”
Tuve que pagar la entrada, ya que no lo encontré a Horacio Ferreras (productor de Melafú, quienes trajeron este show a Madryn) para garronearle una, aunque sea en la fila 30, pero la verdad que valió la pena. Luego lo encontré a la salida, y como ya había terminado el espectáculo, seguramente me daba alguna entrada gratis, pero pensé… para qué voy a pedirle, para entrar de nuevo a no verlo?, si ya terminó. Mejor, saco los últimos 20 mangos que me quedan y me compro el CD, aunque esto signifique sacrificar el aperitivo de mañana sábado a media mañana.
Y así fue como estuve en el cine y vi lo que quería ver, un espectáculo excelente, con tres guitarristas que la rompieron, tocaron unos tangos del propio Cattaneo al estilo de los años 30, con arreglos impecables. Al margen de los temas instrumentales, donde el lucimiento de cada uno de los músicos fue sostenido y no velado por la sensación continua de que se divertían mientras tocaban, en los temas que Ofidio cantó, con letras a veces desopilantes y otras veces humorísticamente melancólicas, seguían los guitarristas, y el propio Ofidio, melodizando frases tangueras a la perfección.
Parece que el tango, como el jazz manouche, como el blues, como el flamenco, todos con un mismo origen popular y apasionado, decía, parece que el tango no se va a terminar nunca, siempre habrá algo nuevo para crear y descubrir. Y esto será así mientras haya gente, que, como dijo Dolina, se empecinen en hacerse guitarristas en vez de hacerse licenciados en política exterior y pasarla de primera.
De nuevo me quedé sin lugar, en la próxima, en serio, les hablo de Angelo Debarre.
Saludos, que la pasen bárbaro.

Continuará…

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