Al rescate de los genios y los descastados
Por Cándido Rivera
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Cándido, ¿qué hace en la puerta? Estaba pensando si entrar a tomar un café o ir a caminar por la playa, Cárdenas. Pero, siempre nos juntamos a tomar un café acá. Sí, ya sé, Pelado, pero un día podemos romper las reglas, ¿no? ¿Le parece, Cándido? Me parece, venga, estire las gambas y caminemos hasta el Indio. ¡Hasta el Indio las tarlipes! ¡Ni mamado me engancha para patear hasta Punta Cuevas! Le transo hasta el Cenpat, ni un metro más, y eso si tiene encima el celu para llamar un taxi para la vuelta. ¡Ah, bueno! Usté sí que es un atleta… ¿Y usted, Rivera, de qué se la da?, tampoco lo vi ganando ninguna medalla olímpica. No me tiente, Pelado, justo ahora que vienen las Olimpiadas de la Tercera Edad.
Vamos, déjese de pavadas y páguele a Charly el café y comencemos a caminar antes que nos agarre la noche.
Y hablando de récords, Cárdenas, ¿leyó quién es el artista más afanado de toda la historia? ¿Usted se refiere a copiado, Cándido? No, a afanado literalmente, Cárdenas, al más codiciado por los chorros de obras de arte. No, ni idea, Cándido, ¿Quinquela Martín? No, Cárdenas, Picasso. Lo que pasa, Pelado, es que el arte, además de tener un inmenso valor histórico, tiene una salida impresionante en el mercado de lo trucho. El manoteo de obras de arte es cada vez más cotidiano, y Pablo Picasso lidera el ranking de los 55 artistas con más alcance entre los amigos de lo ajeno, ya lleva unas 572 obras robadas, lo leí el otro día en el diario, ¡una barbaridad! Después lo siguen Joan Miró, Marc Chagall, Dalí y Renoir. Es lógico, Cárdenas. ¿Qué es lógico? Que Miró lo mire de atrás… ¡Uh, Pelado! Por qué no le deja el humor a los que cobran por hacerlo, su amateurismo es agobiante.
La cosa es que nadie sabe a dónde van a parar todos los cuadros que se afanan en el mundo. Porque lo que todos se preguntan es para qué robarse una obra recontra conocida si después es imposible mostrarla a menos que uno quiera ir en cana unos cuantos años. Algunos piensan que lo hacen como una especie de secuestro al óleo, o sea, van y se afanan un Renoir y al toque piden una recompensa, pero, ¿qué quiere que le diga?, no lo veo muy práctico al proceso. La que más me suena, Cárdenas, es la de los coleccionistas privados, forrados en billetes, que se pueden gastar cuarenta millones de dólares como uno se compra zapatillas, y van y lo ponen en un cuartito al fondo de la casa y cada tanto van y lo miran. Eso puede ser, Rivera, me acuerdo una vez que vendieron una casa de un tipo sin herederos y descubrieron que tenía guardado una pintura de no se quién que valía una carrada de plata. Y sí, puede ser, porque además hay que considerar que si una pintura vale legalmente trescientos mil dólares, en el mercado negro puede pasar a costar menos de cinco mil.
Pero, cueste lo que cueste, Cárdenas, siempre es mejor tenerlos en los museos, porque el arte, Pelado, tiene que estar al alcance de todos. Poder disfrutar personalmente un Dalí, un Degás, un Picasso, es un placer que es muy difícil de explicar.
Especialmente un Picasso, que es mi preferido, el gran genio de la pintura contemporánea. Me imagino que usté sabe que es el creador del cubismo y que nació en Málaga en 1881. Eh… Lo de Málaga no lo tenía muy seguro… Sí, bueno, entonces aprovecho y le recuerdo que empezó con un estilo totalmente académico, pero enseguida se contactó con grupos modernistas, que lo influyeron y lograron que cambiara completamente su forma de expresión. En 1900 se traslada a París por poco tiempo, pero el suficiente para absorber un sinfín de influencias, es que Picasso, para esa época era una verdadera esponja, absorbía, pero no retenía, siempre en busca de un estilo propio. Por esos tiempos son sus etapas Azul y Rosa, obviamente caracterizadas por esos colores y por figuras sórdidas, aisladas, con gestos de pena y sufrimiento. Pero, Cárdenas, Picasso no se queda quieto, como toda la pintura de esos años, así que partiendo desde Cézanne va a desarrollar una nueva fórmula pictórica junto a su amigo Braque: el cubismo. Pero tampoco se conforma y en 1912 practica el collage en la pintura, dando rienda suelta completamente a su creatividad y ya todo vale. Por 1925 es el auge del movimiento surrealista, pero no participa activamente de él, aunque lo usa para volver a romper con sus esquemas, introduciendo en su obra figuras distorsionadas. Pero algo que no se le puede escapar a todo amante de su obra es que Picasso es latino, y como buen latino tiene las pasiones a flor de piel, Cárdenas, y así lo afectan las relaciones con las mujeres, con la sociedad y con el trabajo. Pero lo que más lo conmovió a Pablo Picasso fue, sin duda, la Guerra Civil Española y, obviamente, el bombardeo de Guernica, que provocó la realización de la obra más famosa del arte contemporáneo. Ver el Guernica, Pelado, es asomarse a la locura, a la pasión, a la sinrazón, a la violencia y a la falta de esperanza. Es un mundo en sí mismo, Cárdenas.
A mí personalmente que sea justamente Picasso el más afanado me produce una sensación particular, por un lado me sacude mal pensando que cada uno de los cuadros que desaparece es un cuadro menos que podré ver alguna vez, pero por el otro me da una especie de perversa satisfacción de que sea justamente él el más requerido por los profanadores del arte. Usted es medio raro, Rivera. No sé de qué se sorprende, Cárdenas. No me sorprendo, me preocupa que mis peores pesadillas se hagan realidad. No me jorobe, que en una de esas cumplo un sueño mío y lo estampo contra la Galesa. ¿La Galesa?, ¿vio que al final usted es de mucho hablar, pero aeróbicamente es un desastre? ¿Una hora de charla y llegamos recién a la Galesa? Mejor no se anota nada en las Olimpiadas de la Tercera Edad, Rivera, va a pasar papelones.