EN EL MUNDO HAY MÁS DE 230 MILLONES DE ADICTOS A ALGÚN TIPO DE NARCÓTICO

Preocupa el aumento de adictos en jóvenes de 12 a 13 años


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El consumo de sustancias adictivas es un fenómeno complejo, con múltiples aristas e innegables consecuencias sobre la salud de las personas, la integración familiar, así como en la estabilidad social y la viabilidad de los países.
Bajo diferentes formas físicas, efectos, consecuencias y maneras de utilización, las drogas son utilizadas para artificialmente evadir la realidad, experimentar sensaciones, mitigar el dolor, subir la energía y mejorar el entusiasmo. Las sustancias adictivas alteran el funcionamiento de las células cerebrales y sobreexcitan las sensaciones de placer, energía, alegría y tranquilidad con el consecuente cambio en la conciencia y la conducta de quienes las consumen.
Hoy millones de personas hacen uso intensivo o esporádico excesivo y sin control de diferentes sustancias que les provocan fuerte compulsión física y psicológica a seguir consumiéndolas, malestar cuando el consumo es interrumpido y graves consecuencias sobre su organismo y vida cotidiana, particularmente en el aspecto laboral.

230 millones de adictos
De acuerdo al más reciente informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (ONUDC), más de 230 millones de personas en el mundo son adictas a algún tipo de narcótico. Las drogas más populares son el cannabis, en sus formas de marihuana y de hachis, con 158.8 millones de consumidores, las anfetaminas con 24.9 millones, las drogas derivadas del opio 15.6 millones, la cocaína 14.3 millones, la heroína 11.1 millones y el éxtasis con 8.6 millones de usuarios.
Aunque el universo de usuarios es prácticamente equiparable entre hombres y mujeres de todas las clases sociales que se ubican entre los 15 y 64 años de edad y una alta presencia en Norteamérica y Europa,
Un dato revelador sobre el uso y abuso de las drogas es la frecuencia en el consumo. Del número total de consumidores, 123 millones toman drogas una vez al mes, 36 millones lo hacen en forma diaria y el resto reconoce probarlas más de una vez al año.

Daños irreversibles
En términos generales, las sustancias adictivas provocan serios daños a la salud, particularmente sobre los sistemas nervioso, respiratorio, digestivo e inmunológico del adicto, aunque cada tipo de droga presenta una sintomatología y una serie de efectos inmediatos y consecuencias a largo plazo de carácter específico.
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) el uso prolongado de las sustancias adictivas es causa, entre otros padecimientos de daño irreversible a los vasos sanguíneos del cerebro, insuficiencia cardiaca, enfisema pulmonar, sangrados internos, ulceras, cirrosis hepática, pancreatitis, desnutrición, algias musculares, disfunciones motoras, trastornos cutáneos, esterilidad, impotencia sexual, catarros frecuentes, perforación del tabique nasal y baja generalizada de las defensas del organismo, que lo hacen susceptible de enfermedades infectocontagiosas. El consumo intenso de droga en una sola ocasión puede provocar incluso la muerte.
Algunas consecuencias psicológicas que tiene aparejado el consumo de drogas son insomnio, psicosis, distintos grados de alucinación, disminución notoria en la capacidad de atención, deterioro en la memoria, degradación de las facultades de coordinación y concentración, síndrome amotivacional, aislamiento y durante los episodios de abstinencia severa depresión y letarguia.

Responsabilidad de los estados
La experiencia acumulada a lo largo de los últimos 30 años de uso intensivo de sustancias revela que las adicciones son un problema de salud pública de carácter global. Actualmente autoridades internacionales y de todos los países discuten las diferentes alternativas de solución al consumo de las drogas, las cuales abarcan desde su prohibición, vía la represión del crimen organizado, hasta la legalización de las sustancias adictivas, además de las conocidas disyuntivas a favor de la venta regulada, la descriminalización y legalización.
Al tiempo que se abren paso una combinación de estrategias contra el fenómeno que incluyen la focalización del combate armado al crimen organizado, la disminución en los recursos económicos que recibe el narcotráfico, la realización de campañas educativas que disminuyan la demanda de drogas y la implementación de una serie de políticas de contención de los daños que causan las adicciones mediante la oferta de tratamiento gratuito a los adictos.


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