HISTORIAS CURIOSAS PARA CONTAR EN DÍAS DE LLUVIA

Noche de paz, noche de amor


El Diario | Contra Tapa

Por Javier Arias
javierarias@eldigito.com

Uno se levanta un día y se da cuenta de repente que es diciembre, y no sólo que es diciembre, sino que faltan tres días para el 24 de diciembre. ¿Cómo es posible, si ayer al acostarnos era apenas 23 de junio?
Tan volando pasó el año que no nos preparamos para la llegada de las fiestas, ni para todos los familiares que dentro de tres noches traerán a todos nuestros sobrinos y primos a nuestro pequeño rincón de paz y tranquilidad.
Pero, diga la verdad, estamos insuflados por ese espíritu navideño que tanto ha dado de comer a Disney y vendedores de yo-yos. Y nada nos puede caer mal, ni siquiera que la tía Eduviges traiga a Sultán, el mastín napolitano que adoptó el verano pasado. Y nos levantamos presurosos para comenzar con los preparativos de la cena familiar.
Una de las tareas más reglamentarias de esta fecha es envolver los regalos.
El tema de los regalos de Navidad es una cuestión muy poco estudiada por las ciencias psicoanalíticas, pero que dice mucho de nuestra forma de enfrentar al mundo. Podemos dividir a las personas en dos grandes grupos, los precavidos, aquellos que fueron adquiriendo los mismos a lo largo de todo el año, viendo en vidrieras y recordando, digamos, allá por abril, que esa cajita de madera sería ideal para la abuela Pocha. Y están los atolondrados, a los cuales me adhiero muy a mi pesar, que recuerdan no sólo que debemos comprarle un regalo a los hijos de Alfredo y Elena, sino que Alfredo y Elena tuvieron dos mellizos el verano pasado, todo el mismo 24 por la tarde.
Dos grandes grupos de personas que llevan su relación con los regalos navideños a todos los entornos de la vida.
¡Qué fácil era cuando Papá Noel todavía estaba con nosotros! Sólo disfrutar el momento, al otro lado de la puerta, espiando el cielo en busca de la nariz colorada de Rodolfo, el reno, cuando escuchábamos que gritaban: “¡Ya llegó! ¡Papá Noel ya llegó!”. Y correr como desaforados hasta el píe del arbolito.
Este señor, barrigón y de rojo, que tiene más nombres que perro callejero: Santa Claus, Father Christmas, Kolya, Niklas, Pezel-Nichol, Semiklaus, Svaty Mikulas, Sinterklass, Papá Noél, Baboo Natale, Knecht Ruprecht, Père Noël… También San Nicolás y mucho antes se lo conoció como Señor Invierno en centroeuropa.
San Nicolás, antes de ser santo fue el Obispo de Myra y patrono de Rusia y Grecia.
Nació en Licia (Asia Menor) a finales del siglo III, fue una de las figuras más veneradas durante toda la Edad Media, tanto en Oriente como en Occidente, y muy especialmente en Bari (Italia).
Provenía de una familia adinerada y a la muerte de sus padres eligió la vida religiosa, haciéndose muy popular por su amor a los niños entre los que repartió su fortuna personal.
Son muchas las historias que envuelven a San Nicolás y que lo emparentan con nuestro Papá Noel, tal vez la más representativa es la leyenda de las tres hermanas.
Cuentan que en la ciudad de Patara había tres niñas que no se podían casar porque su padre no tenía dinero para la dote. Por ello el hombre decide venderlas cuando alcancen edad de ser desposadas. Cuando se entera y tratando de evitar esa humillación para las niñas, San Nicolás visita la casa para entregar una bolsa de monedas de oro. Pero para no ser descubierto, la lanza a través de la ventana y ésta cae dentro de un calcetín que la joven había colgado en la chimenea para que se secase. El viaje se repite para cada una de las niñas cuando llega el momento.
La tradición de San Nicolás arraigó en toda Europa, especialmente en Holanda a partir del siglo XIII, llegando a nombrarle santo protector de Amsterdam. En aquellos días se le representaba con barba blanca, ornamentos eclesiásticos, montado en burro y cargando un saco con regalos para los niños buenos y varas para los desobedientes.
Hacia el siglo XVII llegaba en un barco llamado Spanje (España), con un caballo blanco y un sirviente moro llamado Zwarte Piet (Pedro el negro), que cargaba un saco con golosinas que, cuando quedaba vacío, servía para meter en él a todos los niños que se habían portado mal durante el año y entonces los llevaba a España (en aquella época, un castigo horrible, ya que ambos países eran enemigos)
Cuando en 1624 los emigrantes holandeses fundaron Nueva Holanda en América (Nueva York al pasar a dominio inglés) trajeron con ellos su Sinterklaas, que luego derivó en Santa Claus por la pronunciación anglosajona y desde aquí se popularizó a todo el continente norteamericano, perdiendo en el camino a su sirviente moro. (Lo que es una lástima, tal vez, si hubiera sobrevivido en la tradición, el mundo se hubiera librado de tanto odio antiterrorista, ¿o también serían capaces de bombardear a los familiares de Papá Noel?) Más tarde la tradición hizo el camino inverso y fue Santa Claus quién se popularizó en Europa.
La imagen de Santa Claus fue pasando por diversos estadíos hasta llegar a su forma actual. En un poema de 1823 escrito por Clement C. Moore, cambió el trineo tirado por un caballo blanco por uno tirado por renos y lo describió como un tipo alegre, robusto, gordo y de baja estatura. Y situó su llegada en la vigilia de Navidad. Posteriormente el dibujante Thomas Nast creó la imagen del personaje vestido de rojo, con gorro y botas altas que saltó a todas las revistas infantiles y periódicos de su tiempo, añadiéndole detalles como el taller del Polo Norte y su vigilancia sobre los niños buenos y malos de todo el mundo. Finalmente fue Coca Cola la que le dio su actual aspecto en 1931, al encargar a Hadbon Sundblom que remodelara el Santa Claus de Nast. Éste creó un personaje eternamente jovial, más alto, más gordinflón, cargado de años, con barba y bigotes blancos y sedosos, y con ojos pícaros y chispeantes. Mantuvo los colores rojo y blanco -que son los de la compañía- e hizo su traje más lujoso.
Pero fuera de todas estas historias, ya estamos casi en Nochebuena, ya pronto es Navidad, juntémonos con nuestros seres queridos y en un abrazo que sea eterno levantemos las copas para brindar por el amor, la paz y la felicidad.
Feliz Navidad para todos.

Nota del Autor: La historia de Papá Noel fue extraída del sitio 1de3: http://idd00nd3.eresmas.net/1de3/masx.htm#suerte


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