“El que intenta suicidarse no es siempre el que presenta riesgo más alto”
El suicidio es previsible y prevenible.” Es una frase que suele repetir. Habla lento, pausado, está serio, se ríe. Carlos Martínez nació hace 58 años en la ciudad de Santa Fe, se recibió de psicólogo en la capital argentina y se convirtió con el tiempo en uno de los referentes nacionales de la suicidología, y desde el año pasado reside en Río Gallegos.
Marca una fecha: marzo de 2012. Durante ese mes empezó a estar a cargo en Santa Cruz del subprograma de Intervención en Crisis y Rehabilitación Psicosocial, cuyo centro de prevención de suicidios está en Río Gallegos. “Es el primer enclave de la suicidología en la salud pública de Argentina”, considera. Recorre la provincia patagónica para coordinar las distintas estrategias. Hasta el momento fueron atendidos 1.500 casos.
P:-¿Cómo se aborda en la práctica la problemática?
C.M:-Se atienden exclusivamente casos vinculados a estados de crisis suicida. No hay atención individual. Se toma el caso de una persona, y por cuestiones metodológicas se evalúa a toda la familia. Así se detecta que en ese grupo hay integrantes que tienen un riesgo más alto de suicidio que la propia persona por la que se comenzó el análisis. Eso se logra saber a partir de un cuestionario que mide cuantitativamente el riesgo y el potencial suicida. Se desarrolla, además, un mapa de riesgo. La intervención es corta: entre 90 y 180 días. Por lo tanto, un caso estudiado implica la atención de como mínimo dos personas.
P:-¿Es habitual que suceda lo que describe?
C.M:-Es bastante común, mucho más de lo que se cree. El que intenta suicidarse no es siempre el que presenta riesgo más alto. El que intenta es el que actúa. Dentro de algunas familias, hay un clima violento, hay descalificaciones, estigmatizaciones. En esos escenarios se interviene desde distintos ámbitos, órganos: salud, justicia, educación y desarrollo, que funcionan como cuatro patas de una mesa. Esas áreas tienen que interactuar constantemente. Son situaciones muy complejas. Hay padres o madres que presentan riesgos, en términos cualitativos, más altos que sus hijos.
P:-Una persona que se termina suicidando, ¿da señales?
C.M:-Siempre.
P:-Si se está ante un hipotético escenario donde una persona da ciertas señales, pero dentro de su familia hay integrantes que presentan un potencial más alto de suicidio, ¿qué ocurre? ¿No se le presta atención?
C.M:-Claro, es uno de los motivos por los cuales los familiares no ven esa actitud suicida. Si el adolescente se acerca a sus padres, que a la vez están afectados por la misma problemática, lo más probable es que no sea escuchado. Hay madres que se quedan tranquilas, que son negadoras, negativistas. Hablo de madres porque generalmente son las que más permanecen con sus hijos, sobre todo ante el complemento doloroso de un padre ausente, que resulta co-gestor del proceso suicida en su hijo. Un caso implica la atención del entorno familiar, social, institucional que lo rodea.
P:-La Organización Mundial de la Salud (OMS) pronostica que los suicidios van a seguir aumentando.
C.M:-La OMS sostuvo en 2000 que el suicidio iba a crecer en dos décadas (2020) en un 50 por ciento. A la vez, señaló que una acción eficaz tomada en una ciudad para abordar la problemática, no garantiza que también sea de utilidad para el pueblo aledaño. De la misma forma, lo que fue eficaz en un lugar hace diez años no significa que pueda funcionar hoy. No hay soluciones mágicas. Son cuestiones que se deben trabajar de forma sistemática y permanente, con distintos dispositivos y actores. Primero, no se puede hacer nada sin voluntad política. Cada lugar tiene que tener su equipo de trabajo para prevenir suicidios. Lo ideal es que se puedan hacer intervenciones antes de que se consuma el suicidio.
Estoy cada vez más convencido de que hay que hablar de una suicidología comunitaria. Eso no implica que no sea válida la denuncia telefónica o la atención individual en el consultorio, es decir uno a uno. Esas metodologías, no obstante, tienen una eficacia relativa con relación a los abordajes comunitarios y poblacionales. Es decir, se rompe de alguna forma con el consultorio donde se estrecha un vínculo entre el terapeuta y el paciente, para tomar otros protocolos que están validados, y dan un indicio, una radiografía de lo que está sucediendo en un determinado grupo humano, y al mismo tiempo plantean cómo se puede dar el abordaje. Los pasos son: se hace una evaluación a partir de una entrevista, que dura como mínimo dos horas y forma parte de una unidad de intervención, ya que a partir de ahí se deciden las acciones a seguir; luego se le comunica el resultado a la persona y se le dan a conocer los dispositivos de los que va a participar, es decir las indicaciones. Si la persona que tiene alto riesgo no cumple con lo indicado, se notifica al defensor de adultos o menores.
P:-Esa idea de realizar un abordaje comunitario, ¿se ajusta mejor a pueblos pequeños como los hay en la Patagonia o en el norte del país? ¿Es compatible para las grandes ciudades?
C.M:-No creo que tenga que ver con la cantidad de personas. Obviamente que en una ciudad como Río Gallegos, hay que cambiar la estrategia. Cada estrategia tiene su pro y su contra. Las grandes ciudades a veces se presentan como inabarcables, pero si se desarrolla una buena estrategia y se trabaja con un equipo adecuado, no es tan complicado. El suicidio es un fenómeno multideterminado. Cuando hay un riesgo suicida alto de un integrante, en la familia que lo rodea suele haber un punto vulnerable, como ser la capacidad de resolver problemas. Se rastrea y se encuentran situaciones, dentro de esa historia familiar, de ocultamiento, de mentiras, de exclusiones. Se observan problemas económicos. Los abusos tanto verbales como físicos son los escenarios más graves, más frecuentes.
P:-Usted sostiene que el suicidio es previsible y prevenible. Pero, al mismo tiempo, la OMS habla de un crecimiento a futuro.
C.M:-Que se pueda prever un fenómeno, no quiere decir que se lo pueda abordar y resolver. Que las familias, los equipos técnicos y las administraciones políticas y públicas tomen conciencia, tampoco significa que se tenga una solución. Para abordar la problemática, hay que contar con recursos económicos, políticos y técnicos. La temática tiene que estar presente en el presupuesto político, en la agenda. De caso contrario, es una filantropía, se lleva adelante una acción simplemente para sacarse el problema de encima, para que los suicidios no aparezcan más en la tapa de los diarios. La responsabilidad de los medios de comunicación es otro aspecto a tener en cuenta. Se puede prever y prevenir, pero eso no significa que se solucione.
P:-Los suicidios de adolescentes, ¿pueden estar vinculados a la toma y asunción de nuevas responsabilidades en esa etapa de vida?
C.M:-A veces sí.
P:-¿Puede haber alguna vinculación con las nuevas tecnologías? En Internet, ¿una persona con alto riesgo puede encontrar información que no sea de la mejor frente a esa problemática? Hay, al mismo tiempo, personas que no tienen acceso a Internet…
C.M:-Puede haber algo de todo ello también. Hay un síndrome denominado Hikikomori. Se trata de un término japonés asociado a personas (hasta 25 o 30 años) que están aisladas en una habitación y no tienen ningún contacto ni con su familia ni el mundo exterior. Otra de las variables analizadas es justamente el aislamiento llevado a su máxima expresión. Se utilizan, en algunos casos, las redes sociales para el ciber-bullying, para el hostigamiento, la descalificación. Hay, además, cierto engaño con el fin de tener contacto sexual con algún menor. Se muestra una idea en la televisión que quiere ser alcanzada por algunos. En Internet hay a la vez información que no es preventiva. El aislamiento, por otro lado, no necesariamente tiene que ser físico, puede ser vincular.
P:-En la Patagonia, ¿hay desencadenantes particulares?
C.M:-Algunos investigadores hacen hincapié en el clima de la región. Sin embargo, he observado, a partir de las tareas de investigación y de la acción en el terreno, que en la Patagonia el desarraigo y la frustración de las expectativas con que vienen algunas personas y familias terminan condicionando y potenciando características singulares. Justamente, el trabajo tanto individual como colectivo consiste en fortalecer los factores positivos individuales y vinculares para una mejor relación con los semejantes, con el trabajo y con la vida.
Carlos Martínez, referente de la suicidología argentina a cargo en Santa Cruz del subprograma de Intervención en Crisis y Rehabilitación Psicosocial, cuyo centro de prevención de suicidios está en Río Gallegos.