DE LA INCOHERENCIA AL SER
“No hay un mundo externo que exista independiente y separadamente. El mundo externo y el interno son los lados de la misma tela, en la que los hilos de todos los sucesos y formas de conciencia están entretejidos formando una red inseparable de relaciones que se condicionan mutuamente”
– Upanishads –
Un paciente muy angustiado, en tono colérico, me dijo una vez: “¡¡¡Yo no necesito autoconocimiento, yo necesito plata!!!”. Él estaba pasando por una situación de escasez económica que lo había sumergido en una profunda crisis. Para este hombre, su situación laboral y financiera no tenía ninguna relación con su forma de pensar y de reaccionar emocionalmente. No encontraba ninguna utilidad en tener que “ocuparse” de observar qué tipo de pensamientos transcurrían por su mente la mayor parte del tiempo o cuáles eran sus reacciones cuando se disparaban en él determinadas emociones. Tampoco entendía cómo era posible tener tanta “mala suerte” y por qué, una y otra vez, le sucedían las mismas cosas. Había hecho algunos tratamientos psicológicos después de los cuales había llegado a la conclusión de que gran parte de su malestar era “culpa” de la mala relación con sus padres. Se quejaba de estar rodeado de gente maleducada e irresponsable y creía que había nacido en el país equivocado. De ninguna manera podía relacionar lo que le sucedía con su forma de pensar y de ver el mundo.
Cuando decimos que vivimos en un Universo interdependiente, esta afirmación no nos excluye. Somos seres integrales. Como pensamos y sentimos, así construimos nuestra vida.
Evidentemente, este concepto, es difícil de comprender. Porque a la hora de ponerlo en práctica se sigue separando lo que se dice de lo que se hace. Lo que se piensa de lo que se siente. Lo que se muestra de lo que verdaderamente se es. Así se vive en la incoherencia. ¿Y esto por qué? Porque se valida la creencia de que estamos separados. Porque creemos que vivimos en un Universo donde lo material existe totalmente inconexo de lo espiritual, mental, psicológico, o como queramos llamarlo. Se sigue creyendo que podemos vivir escindidos, creyendo que allí “afuera” hay alguien a quien podemos culpar por nuestro malestar.
Así seguimos en el juego eterno de encontrar un rival externo, como quiera que se llame: partido opositor, club rival, vecino desconsiderado, cónyuge no comprensivo, alumnos maleducados, etc. Otras veces, el contrincante puede ser interno y traslucirse cuando nos susurra: “no tienes talento”, “no tienes suerte” “no vas a poder”. Y hasta puede ser el propio cuerpo, cuando genera la enfermedad por no poder seguir sosteniendo la incoherencia y el desequilibrio. La enfermedad entonces se convierte en “el enemigo”.
Cualquiera que sea el “enemigo”, el resultado de esta lucha es la pérdida de valiosa energía que se distrae en el viejo mecanismo de pelearnos con algo o alguien. Valiosa energía que es necesaria destinar a nuestros procesos internos. Estos procesos internos requieren toda nuestra atención para poder hacer concientes los pensamientos y emociones habituales que nos movilizan, la forma en que vemos la realidad y las creencias en las que nos basamos para hacer nuestras elecciones de vida. Mientras no tengamos en claro este “proceso interno”, vamos a seguir lamentándonos de nuestra “mala suerte” o culpando a otros de lo que nos sucede o enojándonos con las injusticias de este mundo.
Nadie dudaría en conseguir un mapa actualizado antes de salir a explorar un lugar desconocido. De la misma forma, tenemos que ser concientes del “mapa” que estamos utilizando para explorar nuestra realidad cotidiana. Porque si está desactualizado estaremos buscando cosas en lugares que no existen y por más esfuerzo que pongamos en ello, nos vamos a seguir frustrando. Porque no se trata de aumentar el esfuerzo. Se trata de cambiar el “mapa”, de actualizar los datos con los que interpretamos la realidad. En estos últimos años el “mapa” ha cambiado. Creer que se puede vivir en la incoherencia, es parte de un mapa viejo. De un viejo paradigma que ya no tiene validez y nos está haciendo mucho daño a todos. Creer que mi accionar inconsciente no me afectará, es ignorancia. Creer que estamos separados, que cuerpo y pensamiento están escindidos, que mi mundo individual está desconectado de mi entorno, es seguir perpetuando una forma desquiciada de verme a mí mismo y a mis semejantes en el mundo.
En palabras de Fritoj Capra: “Los principales problemas de nuestro tiempo, constituyen todos facetas de una misma y única crisis de percepción. Se deriva del hecho de que la mayoría de nosotros y especialmente nuestras más grandes instituciones sociales apoyan los valores de una visión del mundo obsoleta e inadecuada para tratar los problemas de nuestro superpoblado e interconectado planeta.”
Es urgente que nos detengamos un momento a revisar nuestro “mapa”. Es necesario que prestemos atención a nuestro proceso interno. Comencemos por hacer silencio y llevemos la atención a nuestro interior. Es un buen comienzo.
Hagámoslo conscientemente, prestando atención a lo que sucede en nuestro interior. Observando, sin hacer juicios, los pensamientos que habitualmente nos habitan. Sintiendo nuestro cuerpo, aprendiendo a vernos cuando reaccionamos ante las distintas experiencias. En esta instancia cualquier técnica de meditación que utilicemos será muy provechosa para ayudarnos a explorar este mundo desconocido. Estaremos abriendo, entonces, una puerta hacia una nueva dimensión del Ser y, en este paso, la meditación será la clave.
Aquel paciente colérico y angustiado, tuvo que pasar por experiencias mucho más fuertes para poder entender que todo lo que sucedía en su vida estaba totalmente relacionado con su forma de pensar, con las emociones que sentía y con las acciones, que, en consecuencia, ponía en práctica. Comprendió que su mente y su cuerpo eran una unidad. Se aceptó tal cual era y así puso fin a su lucha interna. Entonces descubrió que el mundo respondía diferente cuando él actuaba diferente. Finalmente pudo verse a sí mismo como parte de un todo, donde todos estamos conectados. Ese día comenzó a sanar y su vida “milagrosamente” encontró el equilibrio.