Subir una montaña

Dra.Patricia AsencioDra.Patricia Chambón de Asencio
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“Tu ignorancia se mide por la fuerza de tu creencia en la injusticia y la desgracia”
– Richard Bach – “Ilusiones”.

16Subir una montaña es una experiencia muy interesante y recomendable para vivir alguna vez. Esto lo digo no sólo por haber nacido en tierra de montañas y haber pasado buena parte de mi vida trepando y escalando cerros, sino por lo que la experiencia en sí misma significa. Más allá de ser un muy buen ejercicio aeróbico que implica poner en juego todas nuestras capacidades, subir una montaña significa ampliar el punto de vista desde el cual estábamos viendo nuestro entorno.
Es así, como muchos lo habrán experimentado, en la medida que vamos ascendiendo por el camino escarpado, el horizonte se va abriendo a nuestros ojos mostrándose a cada paso con mayor amplitud. De esta forma se nos hacen evidentes detalles que antes no veíamos por una cuestión de perspectiva y de distancia. Cosas que nos parecían desconectadas en nuestra visión desde el llano, tienen ahora una relación. Tenemos entonces una visión de conjunto donde no hay separaciones reales, sólo transiciones, diferencias de terrenos, de vegetación, que a nuestra mirada se presentan como enriquecedoras pinceladas de diferentes colores dando magnificencia al paisaje.
Mientras más alto subimos, más pequeño vemos aquello desde donde venimos. Nos sorprende ver nuestra casa, nuestro pueblo, cada vez más diminuto, más difícil de distinguir del resto. Como si la altura produjera una increíble amalgama entre los diferentes detalles, convirtiendo todo finalmente en trazos de color. Allí está nuestra casa, nuestro jardín con verja, fundiéndose con el del vecino…sin que pueda distinguirse diferencia alguna desde la altura.
Simbólicamente subir a la cumbre de la montaña implica justamente eso: expandir nuestro estado de conciencia, ampliar la mirada del conjunto y de nosotros mismos dentro de él. Por esta razón en la Mitología y la Literatura abundan las historias de peregrinos que ascienden la Montaña en busca de algún talismán o para consultar a alguna Entidad Sabia que allí reside.
Como sea, en los cuentos o en la realidad tangible, ascender hacia planos más altos desde donde la visión se amplía significa acceder a un nivel de mayor conocimiento y; por lo tanto, de mayor comprensión acerca de la realidad y de nosotros mismos inmersos en ella.
Me viene aquí a la memoria, una anécdota que hace un tiempo leí sobre alguien que tenía la capacidad de anticipar algunos hechos de la realidad. La gente lo llamaba “El Adivino”. Esta persona simplemente describía el fenómeno de anticipación así: “Si te encuentras en la planta baja de un edificio esperando el colectivo que tiene allí su parada, sólo lo verás recién cuando aparece en la esquina. Si en cambio subes a la azotea del edificio, podrás ver el colectivo en todo su recorrido y anticipar que ya está llegando antes que lo vean aparecer los que están en la planta baja.” Esto es lo que sucede cuando, al tomar distancia, se cambia el punto de observación de la realidad.
De la misma forma, cuando decidimos explorar nuestras cumbres interiores vamos transformando nuestra mirada del paisaje que nos rodea.
Es así que observando situaciones en nuestra propia vida o en nuestro entorno que nos pueden resultar incomprensibles y a veces hasta injustas, sólo las podemos comprender cuando la perspectiva de la visión cambia. Este cambio de perspectiva puede suceder con el paso del tiempo o con una expansión del estado de conciencia. Ambas posibilidades implican “tomar distancia” para ampliar la visión.
Si no hacemos el esfuerzo de ascender nuestras cumbres interiores para ver de otra forma nuestra realidad, probablemente nos quedaremos con una visión “chata” del mundo, visión de planta baja, donde nuestro horizonte será muy estrecho, sesgado por los obstáculos que habitualmente acompañan a las visiones a ras del piso. Sin duda alguna, que desde esta visión la Vida nos parecerá inexplicablemente injusta y muchas situaciones por las que tenemos que pasar nos resultaran incomprensibles al punto de sentirnos agobiados y víctimas impotentes de las circunstancias.
Es muy importante darnos cuenta de esto, porque así podremos entender lo que significa un proceso. Es decir, tomando como analogía la anécdota anterior, podremos ver el recorrido completo del colectivo.
La Naturaleza sabiamente nos da muestra de esto a cada instante. Para que una planta florezca y de sus frutos es necesario un proceso que lleva tiempo e incluye diferentes etapas. Podemos ver el proceso terminado cuando presenciamos desde la semilla hasta el fruto que da la nueva semilla. Entonces hemos hecho conciente un ciclo entero. Cualquier visión parcial en cada una de las etapas del ciclo, es sólo eso: una visión parcial…no el todo!
De la misma forma, con nuestras vidas y la de nuestros prójimos… son un proceso y no podemos elaborar juicios acerca de ellas hasta no tener una visión del ciclo completo. A veces podremos observar estos ciclos a través de la distancia que nos permite el tiempo. Otras, a través de las sincronicidades que el Universo oportunamente nos muestra. Sin embargo, hay ciclos que para nuestra visión humana son casi inalcanzables… o inimaginables. A esta visión accedemos sólo a través de la intuición, que, como una ventana al más allá, nos deja entrever lo que podría ser. Son atisbos en la Eternidad.
Ejercicio recomendable es escalar montañas… las de afuera y las de nuestro mundo interno. Ambas nos permitirán gozar de perspectivas más amplias y saludables, que nos inundarán de belleza y armonía al comprender o intuir la grandiosidad de esta Vida.

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